INNOVACIÓN, OPTIMISMO Y EMPATÍA

Hace más de una década, Bill Gates recibió el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Harvard. Durante su discurso, nos dejó entrever una inquietud emergente por llevar la tecnología a las clases más marginadas y asegurarnos que la innovación favorezca a muchos en todos los rincones del orbe; la Fundación Bill y Melinda Gates tenía unos pocos años de haberse establecido. Cinco años después escuchamos a Bill Gates en la Universidad de Stanford; ahora acompañado de su esposa Melinda; ambos personajes trasmitieron un mensaje intenso y conmovedor sobre la innovación, el optimismo y la empatía.

Buscando apoyar a las poblaciones de pocos recursos del mundo en cuanto a cerrar la brecha tecnológica y democratizar el acceso a la Red de Redes, la fundación Gates invirtió sumas considerables durante varios años en donativos de equipo y sistemas computacionales. No obstante, en vez de desarrollar a esas comunidades, sus aportaciones tan solo dejaron entrever que muchas de las innovaciones en la materia estaban destinadas desde su origen a una población privilegiada del Primer Mundo; el resultado fue poner en evidencia las carencias fundamentales y la falta de tecnología apropiada para una buena parte de la población mundial. Con base en lo anterior, los esposos Gates urgieron a los graduados, maestros e investigadores a replantear el propósito y destino de las nuevas innovaciones tecnológicas en el marco de la realidad social del orbe; imprimirle una nueva dimensión al desarrollo tecnológico pensando en los demás, no solo en el resultado comercial y económico de la iniciativa en cuestión.

Autodenominados optimistas impacientes, Bill y Melinda Gates aceptan objetivamente el reto asociado a este planteamiento, porque definitivamente se requiere una gran dosis de optimismo si buscamos soluciones de carácter global para combatir el hambre y la pobreza; para construir una sociedad igualitaria en términos del acceso a la salud y al trabajo digno. Un optimismo realista para avanzar a pasos firmes como individuos, como grupos de interés y como líderes en cualquier ámbito.

La Fundación Bill y Melinda Gates es hoy en día la fundación privada de caridad más grande del mundo y su derrotero se reduce a unas cuantas palabras:  todas las vidas tienen el mismo valor: somos optimistas impacientes que luchamos por reducir la desigualdad. Innovación social con optimismo y empatía se presenta ahora como un imperativo de la realidad social de nuestro planeta: ¿estarán preparados los proveedores de capital de riesgo y los inversionistas para apoyar estas iniciativas?

CREATIVIDAD A LA MEXICANA

En la década de los años setentas llevamos a cabo una serie de estudios en la Unidad de Desarrollo del Talento Humano de Vitro, en cuanto a las características genuinas y originales de la dinámica grupal de los mexicanos para generar ideas, primordialmente comparadas con los procedimientos anglosajones.

En resumen, las indagaciones dirigidas por el Dr. Adrio Iluminati y el Dr. José Antonio Cárdenas, nos llevaron a concluir que el ejercicio natural de la creatividad grupal en nuestro medio corresponde a rasgos culturales propios, tiene raíces muy profundas y es parte integral del modo de ser del mexicano.

 Tanto nosotros mismos como mexicanos, y los extranjeros familiarizados con nuestro país y su cultura, con un cierto tono de admiración afirmamos que los mexicanos somos gente muy creativa, refiriéndonos primordialmente a la ingenuidad, inventiva, ingenio y ocurrencia individual. No obstante, es posible que la máxima y más genuina expresión de nuestra creatividad natural se manifieste, por el contrario, en nuestros procesos grupales.

Basados en observación directa y sistemática de grupos creativos durante más de dos años descubrimos que, a diferencia de los anglosajones, los mexicanos no requerimos de ambientes desestructurados ni prácticas de “descongelación” para poder generar ideas; los grupos naturales mexicanos se presentan de antemano con un bajo nivel de formalidad y ostentan de entrada el clima de confianza, el ambiente de libertad y el reconocimiento de los involucrados en roles asumidos espontáneamente, permitiendo el ejercicio de la creatividad.

En este ejercicio natural a la mexicana no encontramos un proceso racional, secuencia forzada, o métodos preconcebidos: la dinámica de estos grupos es una espiral de generación de ideas, con interrupciones, vueltas y regresiones, con una riqueza de aportaciones de duración desigual que termina solo con el agotamiento de la veta creativa de los participantes.

En general, el proceso natural de generar ideas del mexicano es extraordinario en términos de número de ideas, riqueza de las mismas, lenguaje, diversidad, cosmovisión, utopía creativa, apertura, solidaridad, e inclusive, satisfacción de los participantes. En contraste, también descubrimos una enorme pobreza en cuanto a implantación de las ideas; en cuanto a innovación.

Estadísticas recientes indican que, como país, en poco tiempo hemos mejorado nuestra capacidad de Innovación, pero este potencial es superado por nuestra mejoría en capacidad creativa. La creatividad a la mexicana presenta defectos que se derivan de sus propias virtudes, excesos que se manifiestan en la ausencia de registro de las ideas, estructuración del campo temático, sistematización de procedimientos, implantación y seguimiento de las acciones propuestas, así como retroalimentación reflexiva sobre el proceso mismo. Lamentablemente nuestro ingenio e inventiva supera por mucho nuestra capacidad para innovar y dar resultados.