UN MUNDO EXPONENCIAL

La práctica del senderismo o hiking nos invita a reflexionar sobre la presencia de factores que transforman una actividad lineal en un reto exponencial. Recientemente, transitando por diversos senderos en la costa oeste de los Estados Unidos, me topé con la siguiente falacia: recorrer un sendero o circuito se antoja una actividad que demanda planificar una distancia a cubrir en un tiempo determinado, esto es, una actividad fundamentalmente lineal, desde la perspectiva del esfuerzo a realizar para superarla.  

No obstante, estarán presentes diversos factores que multiplican exponencialmente el grado de dificultad involucrada, factores que se manifiestan de manera sistémica y deben necesariamente tomarse en cuenta: condición física, salud, estado anímico, cansancio acumulado y relación de ayuda; temperatura, viento, altitud, pendiente, lluvia, tipo de suelo, rocas, vegetación, por nombrar algunos. Como ilustración, tan solo el viento en contra y la lluvia presentes de manera simultánea, aumentan el grado de dificultad de manera exponencial para llegar a la meta trazada.

No podemos negar que estamos viviendo una época de retos y pensamientos exponenciales, ante los cambios acelerados en la manera de hacer negocio, la globalización, la tecnología, el medio ambiente y el mismo pensamiento humano. Más aún, al igual que el ejemplo narrado arriba, estas transformaciones “de asalto” operan dentro de un complejo sistema dinámico e incierto.

La paradoja en la gestión de los negocios, y en particular en la administración del Talento, es que siempre hemos vivido y operado en un mundo de características lineales, pero ahora el pensamiento y el llamado a la acción debe de ser fundamentalmente exponencial.

Un multicitado ejemplo nos ayuda a comprender mejor la magnitud del cambio de paradigma a afrontar: si damos 30 pasos de manera lineal, llegaremos a unos 10 metros de distancia; pero cuando la distancia de primer paso se multiplica por 2, la segunda por 4, la tercera por 8; y así sucesivamente, el hacerlo 30 veces sería equivalente en distancia a darle 26 vueltas al planeta!       

Una aceleración exponencial del cambio implica entonces llegar significativamente más lejos y cubrir una distancia más rápidamente, con un impacto inimaginable.

Tan solo una dimensión relacionada con la gestión del talento resulta alarmantemente ilustrativa: el componente generacional. De esta manera, diseñar un sistema administrativo de Recursos Humanos que tome en consideración todas las facetas e interacciones de las 5 o 6 generaciones que conviven actualmente en las organizaciones, resulta un reto considerable y abrumador, porque es fundamental contar con un pensamiento exponencial para afrontar la tarea.

Otro ejemplo tiene que ver con el proceso de identificación, reclutamiento y selección del talento requerido. Los días de identificar tres o cuatro candidatos para cubrir un puesto quedaron enterrados en el pasado: las tecnologías de información y computación, aunadas con el potencial de las redes sociales, nos llaman a identificar miles de candidatos hasta llegar a seleccionar el más adecuado.

Finalmente, el carácter exponencial del conocimiento y los recursos digitales de aprendizaje ha dejado obsoletas prácticamente todos los formatos tradicionales de capacitación, entrenamiento y desarrollo. La respuesta única en la actualidad consiste en echar mano de las competencias de autodirección de los colaboradores, para hacerlos responsables de su propio aprendizaje.

Los profesionales de Capital Humano en la actualidad, estamos transitando un sendero con frío, lluvia, viento, condiciones adversas del terreno, así como cansancio acumulado y una condición anímica nada favorable. ¿Estamos equipados para llegar a la meta?

SALVEMOS AL PLANETA: OPUS #9

José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

“Ni el hombre sabio, ni el hombre valiente se acuestan en la vía de la historia para esperar a que el tren del futuro los atropelle”. Dwight D. Eisenhower

El ferrocarril llegó el Siglo XIX para quedarse, trayendo con él el progreso y el avance. ¿Y porqué perdura? Su uso de energía es eficiente, tiene gran capacidad para transportar mercancías y pasajeros en vastas cantidades y durante largos recorridos, su costo es bajo, hay relativamente pocos accidentes y contamina menos en proporción.

La actual administración federal de López Obrador, planea construir un gran sistema ferroviario, el Tren Maya, que utilizará tramos ya existentes en Campeche y Yucatán, agregando más de 540 kilómetros para atravesar Quintana Roo. Se ha anunciado que el Tren Maya va a hacer uso de energía híbrida (combustible fósil y electricidad), cuando se sabe que los ferrocarriles eléctricos son tres veces más eficientes para trasmitir la energía a las ruedas del tren, su costo es 20% menor al de la locomotora de diésel y su mantenimiento cuesta hasta 35% menos; son menos ruidoso y, algo muy importante, provocan menor vibración al entorno inmediato; el motor eléctrico no emite óxido de nitrógeno, compuestos orgánicos ni oxido de azufre.

Los costos iniciales para instalar trenes eléctricos son todavía prohibitivos en México, sobre todo si el dueño no es el gobierno, porque requieren de una gran inversión en una infraestructura que cause los menores daños ambientales posibles, que permita la generación sustentable de electricidad, su transmisión y distribución, sin causar apagones frecuentes. Es obvio que, para cambiar a trenes eléctricos, las consideraciones que se hagan tienen que privilegiar los beneficios al cambio climático sobre los factores económicos.

Y mientras todo esto sucede en México, distintas iniciativas a nivel mundial están alineando a las economías a respetar el medio ambiente. Sobresale el mandato de la Suprema Corte de Holanda quien confirmó hace unos días que los gobiernos deben trabajar activamente para controlar el calentamiento global: en el caso de este país, el gobierno holandés deberá disminuir las emisiones durante el 2020 en un 25%, comparado con los niveles de 1990.

En Estados Unidos, durante el último debate de precandidatos demócratas a la presidencia, Bernie Sanders afirmó que “cada país debería tomar la totalidad de su presupuesto de guerra y usar los recursos para vencer al enemigo común: el cambio climático”

Las consideraciones ambientales del proyecto del Tren Maya tiene a los expertos pidiendo aplicar un sondeo geofísico en toda la ruta, que determine cómo se afectaría la ecología al violentar la naturaleza en el tendido de los rieles, que se convierten en barreras artificiales para el libre tránsito de la fauna. Como ilustración, los 2,400 jaguares que viven en la región, encontrarían una barrera física en las vías, que evitará su traslado para reproducirse sin incrementar su vulnerabilidad genética.

Otro punto muy importante del impacto ambiental, es que miles de árboles serán talados para la construcción de las vías y estaciones, lo que tendrá nefastas consecuencias en la fauna local, la calidad del aire y la retención del agua.
También hay que considerar cómo el peso y la vibración de los trenes afectarían las cavidades naturales y subterráneas. En el subsuelo de Tulum, en la península yucateca, se encuentran lugares de un valor biológico considerable y de importante patrimonio cultural, y el sistema de cuevas más grande del planeta. Estas cavidades resguardan la mayor reserva de agua dulce de México, y constituyen un ecosistema que alimenta las raíces de los árboles tropicales, vital para el funcionamiento armónico de la selva.

La contaminación potencial de las aguas residuales es otro tema relevante porque actualmente el ecosistema es capaz de manejar los residuos y administrar los nutrientes que demanda su flora y su fauna.

No podemos pasar por alto que la riqueza biológica de la península yucateca está vinculada con compromisos internacionales, ya que hay por lo menos dos áreas naturales protegidas declaradas Patrimonio de la Humanidad: La Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an y la Reserva de Calakmul. También en la ruta están la Reserva de la Biósfera de Los Petenes, Río Lagartos, Yum Balam, Laguna de Términos, entre otras; un territorio con una riqueza biológica sin igual.

Actualmente existe un Acuerdo para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán firmado por los tres gobernadores. Mucha de la actividad para la sustentabilidad está fincada en las comunidades agrarias (ejidos) que poseen dos terceras partes de las selvas tropicales, pero a pesar de los valores ambientales y culturales que se profesan, esta selva pierde ya 80 mil hectáreas por año debido a deforestación con fines comerciales por parte de empresas ganaderas, madereras y otras.

Además está la implicación humana: las comunidades indígenas dueñas de las muchas zonas rurales por donde pasará el tren tienen el derecho a la consulta previa, libre e informada, incluso, a la suspensión de ejecutar el proyecto. Los afectados, incluyendo un grupo de mujeres académicas de los estados imputados, sostienen que iniciativas como el Tren Maya pretenden arrebatarles el territorio que es herencia de sus antepasados. Perder el territorio, aseguran, conlleva a perder su cultura, lengua y costumbres; alertan que el turismo masivo y la creación de nuevos centros urbanos traen riesgos económicos y socio ambientales. Estos grupos originarios denuncian que las consultas ciudadanas presentan irregularidades y no ayudan a canalizar las demandas y solicitudes de los verdaderos dueños de esas tierras.

A su vez, activistas ambientalistas de Yucatán han sido amenazados ellos y sus familias si no abandonan su posición en contra del Tren Maya; creen que las amenazas pueden venir de empresarios o personas que se ven afectadas si estos mega proyectos se retrasan o cancelan. Y por su parte, Jimenez Pons, titular de FONATUR, afirma que la estrategia del proyecto del Tren Maya, fincada en un paradigma de desarrollo sostenible está “basada en recuperar, mantener y promover las tradiciones ancestrales mayas y su patrimonio artesanal y culinario regional”.

Aunque la amenaza es real y considerable, nadie logra ponerse de acuerdo…

Estamos hablando de un posible gran desastre ecológico, con cambios irreversibles en el ecosistema que resultan en extinción masiva de especies, incluyendo los seres humanos. Hay que evitar que el Tren Maya pase impunemente por Áreas Naturales Protegidas para prevenir la fragmentación de ecosistemas y la disminución de especies nativas, y para ello, necesitamos un estudio serio y transparente que analice el impacto en el cambio climático, en el diseño, construcción, mantenimiento y operación del Tren Maya, como se hace en Europa: se requieren análisis de sensibilidad, vulnerabilidad, riesgo y acciones ambientales preventivas, antes de iniciar el diseño definitivo de esta obra.

En suma, la construcción del Tren Maya puede provocar la deforestación, liberando al aire el Carbono capturado por los árboles, y modificando el ciclo de lluvias, afectando la capacidad de recarga de acuíferos y contaminando el agua por las nuevas poblaciones; pudiera haber cambios radicales en la temperatura de acuerdo con 240 investigadores de diversas instituciones. Estos efectos adversos no son suposiciones, sino datos duros provenientes de acuciosas investigaciones.

Es autodestructivo acabar con la selva tropical. Es de crucial importancia para la biodiversidad y la regulación del clima, debido a que su flora reduce hasta 10 grados la temperatura ambiental y no queremos violentar su biodiversidad que nos mantiene vivos a todos los seres, grandes y pequeños.

Su futuro está en nuestras manos. ¿Qué vamos a hacer para salvarla?

SALVEMOS AL PLANETA: OPUS #10

José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

“Debes tratar bien a la Tierra. No la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos”. Sabiduría colectiva

Hubo un tiempo en que el hombre vivía en armonía con la naturaleza, como lo saben hacer todavía los pueblos originarios. Pero la ciencia mal entendida y los intereses económicos desmedidos nos fueron llevando a creer que podíamos dominarla, controlarla y abusar de ella.

Estamos comenzando a ver nuestros errores, aunque todavía a diario, en múltiples lugares del mundo, se llevan a cabo por avaricia, actos sistemáticos que conducen de manera directa a la extensiva destrucción, daño y pérdida de ecosistemas, así como a la extinción de especies.

La historia está repleta de abusos a la naturaleza, en donde niños, mujeres, hombres y todo ser viviente somos víctimas de atrocidades que desafían la imaginación y conmueven la conciencia de la humanidad conforme salen a la luz; actualmente, las cortes internacionales estipulan que estos crímenes no deben quedar sin castigo.

Estos daños están asociados al cambio climático. Las noticias mencionan el efecto invernadero el cual , aunque es un fenómeno de la naturaleza , se ha desbordado porque las actividades humanas lo han llevado por encima de sus valores naturales, provocando el sobrecalentamiento del planeta.

Hoy existe un consenso científico que indica que la producción y consumo de combustibles fósiles, así como la deforestación indiscriminada, están alterando el clima de tal manera que es evidente un incremento de la temperatura que puede llegar a ser irreversible:

Vivimos largas sequías en algunas áreas, olas de calor y mayores incendios, y en otras, lluvias intensas que provocan grandes inundaciones; el nivel del mar empieza a subir y ya está volviendo vulnerables a algunas islas caribeñas, a Bangladesh y a numerosos lugares de África. Esto es solo el principio; le seguirán la falta de agua potable y dificultad en la producción de alimentos.

Para darnos una idea de la magnitud del, la temperatura global ya ha aumentado 1º C; si aumenta 1.5º C, ese medio grado adicional implicará que todo el nivel del mar suba 10 centímetros, que una tercera parte de los habitantes del planeta sufran calor extremo, y que la masa de hielo del Ártico se derrita, afectando sensiblemente a osos polares, focas, ballenas y aves marinas, y a todo el planeta y sus habitantes de una manera sin precedentes.

Todos debemos trabajar y sumar esfuerzos para contener el cambio climático si deseamos que nuestro planeta siga siendo como lo conocemos, y nos dicen los expertos que tenemos 11 años aproximadamente para lograr revertir este cambio; en pocos meses tan solo diez.

Por primera vez desde la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, están ocurriendo en nuestro planeta cambios ecológicos enormes. Desde 1970, los bosques han disminuido a la mitad y una cuarta parte de los peces han sido eliminados.

Los ecocidios están a la orden del día: como ilustración, recordemos la explosión de una plataforma petrolera estadounidense en el año 2010 que provocó una de las catástrofes oceánicas más grandes de México. El derrame petrolero se extendió hasta llegar a aguas mexicanas provocando la muerte de miles de especies marinas y de aves pertenecientes a la zona del Golfo de México.

También ha habido numerosos ecocidios y daños provocados por las empresas del Grupo México, de Germán Larrea. El último ha sido el derrame de 3,000 litros de ácido en el Mar de Cortés, que solo se hizo público porque lo filmó con su celular un trabajador y lo subió a las redes. El trabajador fue despedido horas después de publicar el video. ¿Y dónde estuvo nuestra indignación? La empresa nunca hubiera hecho públicos sus envenenamientos, a pesar de estar obligada por ley, por cuestiones éticas y morales básicas y por elemental humanidad; pero es tan grande, que presume no haya ley que se le aplique.

En Chile, en el 2018, la empresa argentina YPF derramó miles de hectolitros de petróleo en el territorio de Cullen; resulta difícil saber cuáles serán las consecuencias ecológicas a largo plazo porque el derrame alcanzó los 6,000 metros cuadrados de superficie, perjudicando la cadena alimenticia y el ciclo reproductivo de toda la biodiversidad austral.

Extrapolando los datos históricos, podemos decir que diariamente se extinguen unas 100 especies animales y vegetales; desaparecen 50,000 hectáreas de selvas tropicales; los desiertos avanzan 20,000 hectáreas. Cada 24 horas liberamos a la atmósfera otros 100 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, que coadyuva al incremento global de la temperatura del planeta.

Muchos individuos inconscientes consideran que la vida humana es la única digna de conservarse, pero recordemos que apenas somos una de las billones de especies y formas de vida.
En contraste , hay muchos héroes y heroínas en este esfuerzo de salvar la vida sobre el planeta. Miles de personas, gobiernos e instituciones de la sociedad civil, están sumando esfuerzos para combatir el cambio climático:

Corea del Sur actualmente recicla el 95% de sus alimenticios; en Nigeria los padres cubren la colegiatura de sus hijos recolectando y depositando desperdicios reciclables; las tribus del Amazonas recientemente ganaron la batalla legal contra las compañías petroleras para evitar perforaciones subsecuentes; científicos mexicanos han logrado desarrollar un “plástico” a partir del nopal; un individuo en la India plantó un árbol diariamente durante 35 años, creando un verdadero e inmenso bosque; en la actualidad, las fuentes de energía renovable representan ya una tercera parte del total de la energía global que se produce; Holanda cubre de tierra y plantas los techos de sus camiones urbanos como refugio para las abejas; en una aldea de la India celebran el nacimiento de una hija plantando 111 árboles: a la fecha llevan 350,000 plantados.

Todas estas iniciativas para salvar al planeta nos inspiran e invitan a una acción colectiva intensa, planeada y global, pero, sobre todo, armónica con los principios de la Madre Naturaleza, y eso nos lleva a nuevos niveles universales de pensamiento.

Ahora, más que nunca, es el momento para que echemos mano de los magníficos poderes con los que fuimos creados: auto conciencia, compasión, altruismo y, más que todo, nuestra habilidad de adaptación. La evolución y la adaptación van de la mano para que podamos reinventar nuestra forma de vida para coexistir en armonía con las demás especies.

SALVEMOS AL PLANETA: OPUS #11

José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

“How many deaths will it take ´till he knows, that too many people have died”. Bob Dylan, Blowing in the Wind

Hace algunas semanas, el Sumo Pontífice propuso que la Iglesia Católica debe incluir en su doctrina los “pecados en contra de la ecología”. Más aún, los “ecocidios”, manifestó, deberán considerarse como una quinta categoría de crímenes internacionales en contra de la humanidad.​

Un ecocidio resulta de una contaminación masiva de aire, tierra y agua, por acciones humanas que ocasionan un desastre ecológico total o parcial, o la destrucción de un ecosistema, y afectan la vida de quienes habitan la zona impactada: flora, fauna y los mismos seres humanos. Este daño, por definición cuantioso, puede además ser irreversible o casi imposible de regenerar.​

Existen muchos ejemplos de ecocidios en la historia reciente, aunque lamentablemente algunos han sido tomados con indiferencia, minimizando su grado de importancia y seriedad: el denominado “agente naranja” en la guerra de Vietnam, el crecimiento desordenado en la Isla de Pascua, la tala de árboles en Brasil o la desaparición del Mayab.

Estos desastres ecológicos, que resultan en ecocidios, frecuentemente empiezan con la actividad de gobiernos en tiempos de guerra, y más tarde, los mismos agentes causantes del daño son comercializados por corporaciones que saben que su actividad es criminal, porque viola los principios de justicia ambiental, pero por su ambición desmedida siguen elaborando y comercializando esos productos ecológicamente peligrosos. A esta combinación se suma la ignorancia y apatía de los consumidores, convirtiéndose el proceso en un verdadero círculo vicioso. Para combatir estas actividades criminales, hay organizaciones gubernamentales responsables, activistas ambientales y algunas organizaciones internacionales, a las que recientemente se ha sumado la Iglesia Católica.

​El papel de la Iglesia Católica puede resultar protagónico en este momento: 1,313 millones de fieles, casi una sexta parte de la humanidad según el censo de 2017, habitantes de grandes economías como Brasil, México, Filipinas, Estados Unidos, e Italia en orden de números de católicos, se encuentran bajo la potestad de los Estatutos Romanos de la Iglesia. La Iniciativa del Papa Francisco de introducir en el catecismo de la iglesia los pecados en contra de la ecología puede ser providencial y de trascendencia considerable, si existe la voluntad de propios y extraños para escuchar su llamado.

Hace unos días se presentó en distintos países la premier de la película Dark Waters, basada en el caso real de DuPont, una gran corporación multinacional: un abogado responsable y tenaz logra conectar miles de muertes y enfermedades inexplicables a esta compañía. Mientras la verdad afloraba paulatinamente durante largos años, el profesional del derecho pone en entredicho su futuro, arriesgando su vida y la de su familia. No es la primera vez que el Séptimo Arte nos conduce a un examen de conciencia sobre los delitos ecológicos: Erin Brokovich y Acción Civil son otros buenos ejemplos.

No obstante, estas grandes manifestaciones de propaganda de la modernidad, ni siquiera la voz de la Iglesia será suficiente si nos mantenemos apáticos e ignorantes ante la inminente destrucción de nuestro Gran Hábitat: según expertos internacionales, nos queda poco más de una década del mundo como hoy lo conocemos y disfrutamos, si no logramos contener el aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. ¿Vamos a permanecer pasivos? ¿O vamos a sumar nuestros esfuerzos para realizar esta difícil pero no imposible obra mayúscula entre todos, en menos de 11 años?

EL CAMINO

Con el propósito de llegar a Santiago de Compostela, siguiendo el ancestral peregrinaje para postrarte ante la tumba del apóstol, puedes tomar diversas rutas, más o menos frecuentadas, dependiendo de tu agenda, intereses y capacidades. Lo importante es decidirte, planearlo y prepararte para llevar a cabo este derrotero. Para muchos, esta aventura nos convierte en mejores personas, pero, sobre todo, también representa un reto considerable a superar.

Recientemente he indagado sobre el tema del Camino de Santiago incorporando diversas perspectivas de personas que lo han recorrido, encontrando que todas ellas describen no solo un viaje sino una experiencia vital inolvidable: el Camino presuntamente representa una metáfora de la vida, dado que incorpora retos, decepciones, alegrías, tristezas, lo bello y lo delusorio, la obra del Creador y la labor de la humanidad.

Temas sobresalientes son el desgaste físico y el sacrificio corporal asociado al recorrido, atributos indispensables para el peregrino religioso que decide purificarse en su devenir hacia Compostela. No obstante, un médico me confió que este esfuerzo es un imperativo para todos, para que el Camino “te hable” y te conduzca a despojarte de todo aquello que no es necesario para nuestra vida íntegra o para nuestro futuro trascendente. De la misma manera, me indica que es importante recorrerlo acompañados de personas afines en cuanto a edad, temperamento, perspectiva existencial y propósito.

Razones y explicaciones para recorrerlo no faltan, porque el Camino: es para todos, es un viaje siempre nuevo, es un trayecto dentro y fuera de nosotros, un viaje espiritual, bello, diferente, saludable, más allá de nuestro limites, sorprendente; un viaje que fortalece de manera indisoluble las relaciones de amistad y las lleva hasta los confines que decidamos permitirlo.

Los testimonios indican que todas las personas que recorren el Camino de Santiago son seres extraordinarios por definición, no solo porque han caminado decenas o cientos de kilómetros cargando una pregunta vital, sino porque han encontrado cientos de respuestas memorables que han transformado su vida: saber perder el miedo, buscar siempre una solución a una situación adversa, encontrar formas diferentes de abordar las cosas, comprender que el mundo es maravillosos, aunque lo “pintemos feo o malo”. No obstante, se requieren ciertos atributos: si somos capaces sorprendernos por un atardecer en Venecia o un amanecer en Compostela, estamos preparados para unirnos a tantos peregrinos que han llegado a encontrar fascinación en el Camino.

Ayer, una amiga muy querida me envió una imagen de Santa Teresa de Ávila en éxtasis, con el siguiente mensaje: porque seamos la luz que estamos destinados a ser. ¿Será el Camino el medio para serlo?

ENVEJECIMIENTO POSITIVO

Este agosto, presuntamente mes del adulto mayor, más de 35 mil mexicanos cumplieron 65 años, sumándose a los 9.1 millones que ya estamos en el segmento de adultos de esta edad o mayores; cerca del 8.2% de la población.

El envejecimiento de nuestro país es posiblemente el cambio demográfico más dramático de este siglo. ¿Por qué inquieta esta transición al gobierno y otros grupos de interés? En buena parte porque una estructura poblacional vieja presupone un incremento del grado de dependencia y cuidado de muchas personas, con un impacto social y económico significativo. Un país envejecido, desde la perspectiva tradicional, es más problemático y costoso.

Ingrid Bergman, en los albores de su vejez afirmaba que envejecer es como escalar una gran montaña: por un momento perdemos el aliento, pero el panorama que podemos disfrutar es grandioso, la perspectiva más amplia, más tranquila. Sus palabras indican que envejecer no es un factor social, sino un fenómeno mas bien personal, individual, único.

Desde el punto de vista de la Gerotrascendencia, ciencia que le ha dado una nueva perspectiva a vivir la adultez tardía, superar los aparentes inconvenientes del envejecimiento está en manos de cada uno de nosotros: si seguimos esforzándonos en comprender y vivir intensamente el mundo que habitamos contaremos con una fuerza interior para coexistir más y mejor, sin convertirnos en carga para nadie. Al mantenernos física, social, emocional e intelectualmente activos, no dejaremos espacio para la autocompasión, la decadencia y la senectud prematura.

Es imperativo superar las perspectivas clásicas que pretenden asociar el envejecimiento solamente con: limitaciones y enfermedades tanto físicas como mentales; disminución de la capacidad para socializar e interactuar; desprendimiento patológico de cosas y personas; discontinuidad en nuestros estilos de vida; confinación en un miserable y sombrío rincón de la sociedad. Debemos interiorizar que, al final del día, los principios de alto desempeño, productividad, efectividad e independencia del individuo prevalecen, pero en una forma diferente.

El proceso y consideraciones para convertirnos en personas “gerotrascendentes” incluyen emular las actitudes y conductas de aquellos que han encontrado el significado y la sabiduría del adulto mayor: evadir la vida solitaria, pero ser muy selectivos en cuanto a nuestras relaciones sociales; fortalecer nuestros sentimientos, interés y curiosidad respecto a generaciones anteriores; minimizar las interacciones sociales innecesarias o superficiales; cuidar nuestro cuerpo y apariencia sin obsesionarnos al respecto; disminuir nuestra inclinación por lo material dándonos tiempo para meditar; procurarnos espacio personal y permitirnos momentos de soledad positiva; darnos permiso para redefinir el tiempo, el espacio, la vida y la muerte.

Para Lars Tornstam, pionero del envejecimiento positivo, comprender los principios y alcance de la Gerotrascendencia es como recurrir a un nuevo par de lentes que nos permite ver el mundo de manera diferente; así como ayudar a edificarlo aún más atractivo de cómo lo encontramos. Si esto significa vivir más y mejor, ¿Vale la pena el cambio?

FÍSICA SOCIAL E INTELIGENCIA COLECTIVA

Desde los años cuarenta, los científicos han buscado producir una máquina capaz de equiparar la inteligencia del hombre: desplegar sentido común, habilidad para aprender, razonar y resolver problemas complejos en todos los campos del conocimiento. Los expertos coinciden que todavía faltan un par de décadas para poder construir una auténtica inteligencia artificial.

No obstante, para Alex Pentland, del Laboratorio de Dinámica Humana del MIT, el mundo extraordinariamente conectado que vivimos, así como el dinamismo y flujo de las ideas en contextos, formas y formatos emergentes, demandan conocer y cultivar las leyes de una nueva física social.

¿De dónde y cómo fluyen las ideas en la actualidad?  Tal vez estamos en los albores de una inesperada era de Ilustración; un devenir intelectual histórico en donde nuestras vidas se ven alteradas por redes que combinan personas, objetos digitales y computadoras, permitiéndonos mayor contribución y cambios más vertiginosos. Súbitamente, nos agitamos en un crisol de mentes y tecnologías con poderes y debilidades sin precedentes.

Históricamente los mercados, los pensadores y los políticos influían gradualmente y los acontecimientos se desenvolvían con relativa lentitud, en una sociedad en donde todos contábamos hasta cierto punto con la misma información y teníamos tiempo de actuar racionalmente.  Actualmente, el flujo de las ideas, económicas, políticas o filosóficas, incluyen el efecto de millones de personas aprendiendo unas de otras, afectando recíprocamente nuestra opinión o postura. Multitudes virtuales toman vida en minutos con participantes de todo el mundo; y cada día tenemos a millones de personas distintas, participando, comentando y contribuyendo.

Por desgracia ya no podemos solamente pensar como individuos aislados, tomando decisiones escrupulosamente; debemos incorporar el efecto de la física social que impacta nuestras decisiones individuales y puede conducirnos colectivamente a colapsos económicos, conmociones políticas y revoluciones ideológicas.

Nick Bostrom, director del Instituto del Futuro de la Humanidad, Universidad de Oxford advierte que eventualmente podremos construir una inteligencia de orden superior, pero es necesario asegurar que salvaguarde los valores humanos y controlar lo que esta superinteligencia quisiera hacer por cuenta propia.

Adam Smith argumentaba que la naturaleza humana conlleva a mercantilizar no solo productos y servicios, sino también ideas. ¿Estamos preparados para intercambiarlas de manera responsable bajo este nuevo orden?

CLASS REUNION

Thirty one years ago, a small group of students from different countries around the world gathered for the first time at the Sloan School of Management to participate in an educational adventure aimed at strengthening competencies for the management of emerging technologies: the so-called MOT Program.

For Mario Benedetti, an instant is the crossing of two times, the crossing of two paths, the crossing of two lives and, at that moment, involves a huge or a tiny world. For the alumni of my MOT class, the reunion in Cambridge, Massachusetts a few days ago, meant precisely a moment where we convened during a fleeting present sharing «the feelings, the predictions of the future and the leftovers of forgetfulness».

For three decades, some of our colleagues left us behind and today enjoy a better life; others could not accompany us due to illness or for various reasons. But for we all whom reunited there was an intense and sincere desire to repair the ravages of distance, time, absence and separation.

I cannot imagine a richer environment in terms of diversity and inclusion: cultural diversity, ideologies, ethnicity, experiences, further academic formation, lifestyles and professional paths. However, the inclusion, accompanied by a glass of good wine, placid conversation, gastronomic delights, artistic and academic events, resulted in a coveted coalition, placing each one of us in the same temporal, spatial, emotional and spiritual context.

Walking once again around the Massachusetts Institute of Technology campus was undoubtedly an unforgettable experience; doing it in harmony, with those who were part of an important stage of your academic life, was more than memorable.

Fifty years after the arrival of man on the moon, MIT has educated thousands of scientists and technologists from around the world, including thirty-five astronauts, four of whom walked on the surface of the Earth’s satellite. However, this handful of MOT alumni who enjoy each other’s company that weekend of June also fully represents the educational quality of an avant-garde academic institution. The reunion validated my belief that this generation has contributed significantly to our having a better world and that the future that holds for our descendants is underpinned by contributions from great men and women.

Benedetti, Uruguayan poet and writer, captivates us with his appreciation of the inevitable: «yesterday, past passed with its history and frayed uncertainty; with his stain of fright and blame». But he also adds in another poem: «slow, but it comes; the future approaches slowly, but it comes». Our reunion in the present time, at that instant, was the only real thing: the past no longer exists, and the future has not arrived.

RENCUENTRO

Hace treinta y un años un pequeño grupo de estudiantes proveniente de nueve países se dio cita por primera vez en el recinto de la Sloan School of Management para participar en una aventura educativa orientada a fortalecer competencias para la gestión de tecnologías emergentes: el denominado MOT Program.

Para Mario Benedetti, un instante es el cruce de dos tiempos, el cruce de dos rumbos, el cruce de dos vidas y, en ese instante, cabe un mundo enorme o minúsculo. Para los exalumnos de mi generación del MOT, el rencuentro en Cambridge, Massachusetts hace algunos días, significó precisamente un instante en donde se concentraron durante un presente efímero “los sentimientos, los vaticinios del futuro y los sobrantes del olvido”.

Durante tres décadas algunos compañeros se nos adelantaron y hoy disfrutan de mejor vida, otros no pudieron acompañarnos por enfermedad o por causas diversas, pero en todos los presentes se manifestó un intenso y sincero deseo de reparar los estragos de la distancia, el tiempo, la ausencia y la separación.

No puedo imaginar un ambiente más rico en cuanto a diversidad e inclusión: diversidad cultural, de ideologías, étnica, experiencias, formación académica ulterior, estilos de vida y trayectorias profesionales. No obstante, la inclusión, acompañada por una copa de buen vino, delicias gastronómicas, eventos artísticos y académicos, se tradujo en una codiciada coalición, ubicando a todos y a cada uno de nosotros en un mismo ámbito temporal, espacial, emocional y espiritual.

Transitar nuevamente por el campus del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) fue sin duda una experiencia inolvidable; hacerlo en armonía, con aquellos que formaron parte de una etapa importante de tu vida académica, fue más que memorable.

A cincuenta años de la llegada del hombre a la luna, el MIT ha preparado miles de científicos y tecnólogos de todo el mundo, incluyendo treinta y cinco astronautas, cuatro de los cuales caminaron sobre la superficie del satélite terrestre. Sin embargo, este puñado de exalumnos que disfrutamos de mutua compañía la primera semana de junio representa también plenamente la calidad educativa de una institución académica de vanguardia. El rencuentro confirmó mi creencia de que nuestra generación ha contribuido significativamente a que tengamos un mundo mejor y que el futuro que les depara a nuestros descendientes está apuntalado por aportaciones de grandes hombres y mujeres.

Benedetti, poeta y novelista uruguayo, nos cautiva con su apreciación de lo inevitable: “ayer pasó el pasado con su historia y deshilachada incertidumbre; con su huella de espanto y de reproche”. Pero también agrega en otro poema: “lento, pero viene; el futuro se acerca despacio, pero viene”. Nuestro rencuentro en el presente, en ese instante, fue lo único real: el pasado ya no existe y el futuro no ha llegado.

LOS UMBRALES DE UNA PENA

Nadie escapa del sufrimiento en esta vida; nadie está exento de una pena: tragedia, pérdida, enfermedad o muerte. Sin embargo, poca atención le ponemos a este ineludible proceso vital hasta que, súbitamente, lo enfrentamos en lo personal. Sabemos que, a menudo, las tragedias y el sufrimiento nos provocan confusión, tristeza, ira, horror o amargura, pero ponemos poca atención al aprendizaje y renacimiento asociados. La Biblia nos enseña que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza (Romanos 5: 3-4).

Francis Weller propone cuatro umbrales o puertas que nos ofrece una pena. El primero y más socorrido consiste en confrontar la pérdida de una persona que amamos. No obstante, nuestro error es pensar que la perdimos, no que encontramos otra forma de amarla y muchas maneras alternas de que viva en nosotros. La pena de esta pérdida se puede transformar entonces en una experiencia emocional, propositiva, saludable, infinita y eterna.

Un segundo umbral lo enfrentamos al encontrarnos en lugares y momentos que nunca vivimos ni experimentamos; en lo que pudo haber sido y no fue. Constituyen una pena adicional por el vacío que provoca edificar eventos que nunca sucedieron en lugares que nunca visitamos. Sin embargo, es entonces cuando la fantasía de lo inexplorado nos conduce a un mundo ideal sin trances ni añoranzas. Aquello que se nos negó está ahora presente, y el limite es tan solo la imaginación.

De lo individual a lo ajeno y colectivo transita nuestra pena hacia un tercer umbral. No olvidemos que somos eminentemente gregarios y como el poeta nos enseñó, cuando doblan las campanas están doblando por ti. En ese momento, superando las penas muy nuestras, somos capaces de adoptar genuinamente las penas de otros. De esta manera la enfermedad de un amigo, los problemas de los hijos, los atentados terroristas o las afectaciones a nuestro hábitat, se vuelven más nuestras, porque somos fundamentalmente más sensibles por las penas que hemos experimentado en el pasado en lo personal.

Finalmente, un cuarto umbral lo constituyen las penas y sufrimientos que no conocemos ni hemos experimentado; que no anticipamos y que aparentemente no se encuentran en nuestra agenda. Para esto, las fortalezas y atributos que adquirimos en previos umbrales nos proveen las virtudes para prepararnos a lo desconocido y tal vez ineludible; desarrollamos una relación espiritual con el Cosmos para seguir adelante por toda la eternidad.

Hoy hace ocho años nos dejó la compañera de mi vida; desde entonces inicié una experiencia emocional sin límites. Durante este tiempo he rencontrado lugares, momentos y personas con una perspectiva de paz y fascinación incomparables; inclusive aquellos que nunca vivimos en pareja. Hoy soy capaz de comprender los sufrimientos ajenos con mayor intensidad; todo esto me ha permitido estar listo para un reencuentro con Dios, para apegarme humildemente a sus enseñanzas y designios.