APRENDIZAJE E INTERMEDIACIÓN

En la novela victoriana que lleva su nombre, Trilby O´Ferral se convierte milagrosamente en la mejor cantante lírica del mundo, trascendiendo su fama de su natal Paris. No obstante, la joven alegre, bondadosa y cautivadora era incapaz de cantar sin desafinar antes de caer en el trance hipnótico del malvado Svengali. ¿Requerimos de un mentor, guía o maestro para dominar una competencia, como el personaje de George Du Maurier? ¿Es indispensable un intermediario entre el individuo y el conocimiento?

Es importante sin duda hacer una clara distinción entre los conceptos de conocimiento y aprendizaje respecto al significado de información. A  diferencia de la información, el conocimiento ordinariamente presupone un “conocedor” asociado a dicho conocimiento. Así mismo, el conocimiento es más difícil de adquirir y transferir; por ende, no es fácil de asimilar. De esta manera, el conocimiento reside en los individuos, mientras la información puede residir en bases de datos.  Debido a que adquirir conocimientos prácticos implica  desarrollar una disposición y una actitud para aprender, así como formar parte de una comunidad asociada a lo aprendido, el aprendizaje se da fundamentalmente dentro de un contexto social. Esto es, necesitamos de otros para aprender, así como otros necesitan de nosotros.

Los individuos si necesitamos intermediarios para aprender: la información que circula a través de la Internet simplemente transita de un lugar a otro o de una persona a otra. No obstante, las publicaciones formales, físicas o digitales, reflejan los conceptos, las ideas, las experiencias; son el resultado de configurar la información y el conocimiento; de la reflexión y del análisis. Estos documentos tradicionales están expresamente acreditados por una institución,  editor y autor visibles que los respaldan. Estos intermediarios son los “svengalis” que la modernidad sigue requiriendo.