SALVEMOS AL PLANETA: OPUS #9

José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

“Ni el hombre sabio, ni el hombre valiente se acuestan en la vía de la historia para esperar a que el tren del futuro los atropelle”. Dwight D. Eisenhower

El ferrocarril llegó el Siglo XIX para quedarse, trayendo con él el progreso y el avance. ¿Y porqué perdura? Su uso de energía es eficiente, tiene gran capacidad para transportar mercancías y pasajeros en vastas cantidades y durante largos recorridos, su costo es bajo, hay relativamente pocos accidentes y contamina menos en proporción.

La actual administración federal de López Obrador, planea construir un gran sistema ferroviario, el Tren Maya, que utilizará tramos ya existentes en Campeche y Yucatán, agregando más de 540 kilómetros para atravesar Quintana Roo. Se ha anunciado que el Tren Maya va a hacer uso de energía híbrida (combustible fósil y electricidad), cuando se sabe que los ferrocarriles eléctricos son tres veces más eficientes para trasmitir la energía a las ruedas del tren, su costo es 20% menor al de la locomotora de diésel y su mantenimiento cuesta hasta 35% menos; son menos ruidoso y, algo muy importante, provocan menor vibración al entorno inmediato; el motor eléctrico no emite óxido de nitrógeno, compuestos orgánicos ni oxido de azufre.

Los costos iniciales para instalar trenes eléctricos son todavía prohibitivos en México, sobre todo si el dueño no es el gobierno, porque requieren de una gran inversión en una infraestructura que cause los menores daños ambientales posibles, que permita la generación sustentable de electricidad, su transmisión y distribución, sin causar apagones frecuentes. Es obvio que, para cambiar a trenes eléctricos, las consideraciones que se hagan tienen que privilegiar los beneficios al cambio climático sobre los factores económicos.

Y mientras todo esto sucede en México, distintas iniciativas a nivel mundial están alineando a las economías a respetar el medio ambiente. Sobresale el mandato de la Suprema Corte de Holanda quien confirmó hace unos días que los gobiernos deben trabajar activamente para controlar el calentamiento global: en el caso de este país, el gobierno holandés deberá disminuir las emisiones durante el 2020 en un 25%, comparado con los niveles de 1990.

En Estados Unidos, durante el último debate de precandidatos demócratas a la presidencia, Bernie Sanders afirmó que “cada país debería tomar la totalidad de su presupuesto de guerra y usar los recursos para vencer al enemigo común: el cambio climático”

Las consideraciones ambientales del proyecto del Tren Maya tiene a los expertos pidiendo aplicar un sondeo geofísico en toda la ruta, que determine cómo se afectaría la ecología al violentar la naturaleza en el tendido de los rieles, que se convierten en barreras artificiales para el libre tránsito de la fauna. Como ilustración, los 2,400 jaguares que viven en la región, encontrarían una barrera física en las vías, que evitará su traslado para reproducirse sin incrementar su vulnerabilidad genética.

Otro punto muy importante del impacto ambiental, es que miles de árboles serán talados para la construcción de las vías y estaciones, lo que tendrá nefastas consecuencias en la fauna local, la calidad del aire y la retención del agua.
También hay que considerar cómo el peso y la vibración de los trenes afectarían las cavidades naturales y subterráneas. En el subsuelo de Tulum, en la península yucateca, se encuentran lugares de un valor biológico considerable y de importante patrimonio cultural, y el sistema de cuevas más grande del planeta. Estas cavidades resguardan la mayor reserva de agua dulce de México, y constituyen un ecosistema que alimenta las raíces de los árboles tropicales, vital para el funcionamiento armónico de la selva.

La contaminación potencial de las aguas residuales es otro tema relevante porque actualmente el ecosistema es capaz de manejar los residuos y administrar los nutrientes que demanda su flora y su fauna.

No podemos pasar por alto que la riqueza biológica de la península yucateca está vinculada con compromisos internacionales, ya que hay por lo menos dos áreas naturales protegidas declaradas Patrimonio de la Humanidad: La Reserva de la Biosfera de Sian Ka’an y la Reserva de Calakmul. También en la ruta están la Reserva de la Biósfera de Los Petenes, Río Lagartos, Yum Balam, Laguna de Términos, entre otras; un territorio con una riqueza biológica sin igual.

Actualmente existe un Acuerdo para la Sustentabilidad de la Península de Yucatán firmado por los tres gobernadores. Mucha de la actividad para la sustentabilidad está fincada en las comunidades agrarias (ejidos) que poseen dos terceras partes de las selvas tropicales, pero a pesar de los valores ambientales y culturales que se profesan, esta selva pierde ya 80 mil hectáreas por año debido a deforestación con fines comerciales por parte de empresas ganaderas, madereras y otras.

Además está la implicación humana: las comunidades indígenas dueñas de las muchas zonas rurales por donde pasará el tren tienen el derecho a la consulta previa, libre e informada, incluso, a la suspensión de ejecutar el proyecto. Los afectados, incluyendo un grupo de mujeres académicas de los estados imputados, sostienen que iniciativas como el Tren Maya pretenden arrebatarles el territorio que es herencia de sus antepasados. Perder el territorio, aseguran, conlleva a perder su cultura, lengua y costumbres; alertan que el turismo masivo y la creación de nuevos centros urbanos traen riesgos económicos y socio ambientales. Estos grupos originarios denuncian que las consultas ciudadanas presentan irregularidades y no ayudan a canalizar las demandas y solicitudes de los verdaderos dueños de esas tierras.

A su vez, activistas ambientalistas de Yucatán han sido amenazados ellos y sus familias si no abandonan su posición en contra del Tren Maya; creen que las amenazas pueden venir de empresarios o personas que se ven afectadas si estos mega proyectos se retrasan o cancelan. Y por su parte, Jimenez Pons, titular de FONATUR, afirma que la estrategia del proyecto del Tren Maya, fincada en un paradigma de desarrollo sostenible está “basada en recuperar, mantener y promover las tradiciones ancestrales mayas y su patrimonio artesanal y culinario regional”.

Aunque la amenaza es real y considerable, nadie logra ponerse de acuerdo…

Estamos hablando de un posible gran desastre ecológico, con cambios irreversibles en el ecosistema que resultan en extinción masiva de especies, incluyendo los seres humanos. Hay que evitar que el Tren Maya pase impunemente por Áreas Naturales Protegidas para prevenir la fragmentación de ecosistemas y la disminución de especies nativas, y para ello, necesitamos un estudio serio y transparente que analice el impacto en el cambio climático, en el diseño, construcción, mantenimiento y operación del Tren Maya, como se hace en Europa: se requieren análisis de sensibilidad, vulnerabilidad, riesgo y acciones ambientales preventivas, antes de iniciar el diseño definitivo de esta obra.

En suma, la construcción del Tren Maya puede provocar la deforestación, liberando al aire el Carbono capturado por los árboles, y modificando el ciclo de lluvias, afectando la capacidad de recarga de acuíferos y contaminando el agua por las nuevas poblaciones; pudiera haber cambios radicales en la temperatura de acuerdo con 240 investigadores de diversas instituciones. Estos efectos adversos no son suposiciones, sino datos duros provenientes de acuciosas investigaciones.

Es autodestructivo acabar con la selva tropical. Es de crucial importancia para la biodiversidad y la regulación del clima, debido a que su flora reduce hasta 10 grados la temperatura ambiental y no queremos violentar su biodiversidad que nos mantiene vivos a todos los seres, grandes y pequeños.

Su futuro está en nuestras manos. ¿Qué vamos a hacer para salvarla?

SALVEMOS AL PLANETA: OPUS #10

José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

“Debes tratar bien a la Tierra. No la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos”. Sabiduría colectiva

Hubo un tiempo en que el hombre vivía en armonía con la naturaleza, como lo saben hacer todavía los pueblos originarios. Pero la ciencia mal entendida y los intereses económicos desmedidos nos fueron llevando a creer que podíamos dominarla, controlarla y abusar de ella.

Estamos comenzando a ver nuestros errores, aunque todavía a diario, en múltiples lugares del mundo, se llevan a cabo por avaricia, actos sistemáticos que conducen de manera directa a la extensiva destrucción, daño y pérdida de ecosistemas, así como a la extinción de especies.

La historia está repleta de abusos a la naturaleza, en donde niños, mujeres, hombres y todo ser viviente somos víctimas de atrocidades que desafían la imaginación y conmueven la conciencia de la humanidad conforme salen a la luz; actualmente, las cortes internacionales estipulan que estos crímenes no deben quedar sin castigo.

Estos daños están asociados al cambio climático. Las noticias mencionan el efecto invernadero el cual , aunque es un fenómeno de la naturaleza , se ha desbordado porque las actividades humanas lo han llevado por encima de sus valores naturales, provocando el sobrecalentamiento del planeta.

Hoy existe un consenso científico que indica que la producción y consumo de combustibles fósiles, así como la deforestación indiscriminada, están alterando el clima de tal manera que es evidente un incremento de la temperatura que puede llegar a ser irreversible:

Vivimos largas sequías en algunas áreas, olas de calor y mayores incendios, y en otras, lluvias intensas que provocan grandes inundaciones; el nivel del mar empieza a subir y ya está volviendo vulnerables a algunas islas caribeñas, a Bangladesh y a numerosos lugares de África. Esto es solo el principio; le seguirán la falta de agua potable y dificultad en la producción de alimentos.

Para darnos una idea de la magnitud del, la temperatura global ya ha aumentado 1º C; si aumenta 1.5º C, ese medio grado adicional implicará que todo el nivel del mar suba 10 centímetros, que una tercera parte de los habitantes del planeta sufran calor extremo, y que la masa de hielo del Ártico se derrita, afectando sensiblemente a osos polares, focas, ballenas y aves marinas, y a todo el planeta y sus habitantes de una manera sin precedentes.

Todos debemos trabajar y sumar esfuerzos para contener el cambio climático si deseamos que nuestro planeta siga siendo como lo conocemos, y nos dicen los expertos que tenemos 11 años aproximadamente para lograr revertir este cambio; en pocos meses tan solo diez.

Por primera vez desde la extinción de los dinosaurios hace 65 millones de años, están ocurriendo en nuestro planeta cambios ecológicos enormes. Desde 1970, los bosques han disminuido a la mitad y una cuarta parte de los peces han sido eliminados.

Los ecocidios están a la orden del día: como ilustración, recordemos la explosión de una plataforma petrolera estadounidense en el año 2010 que provocó una de las catástrofes oceánicas más grandes de México. El derrame petrolero se extendió hasta llegar a aguas mexicanas provocando la muerte de miles de especies marinas y de aves pertenecientes a la zona del Golfo de México.

También ha habido numerosos ecocidios y daños provocados por las empresas del Grupo México, de Germán Larrea. El último ha sido el derrame de 3,000 litros de ácido en el Mar de Cortés, que solo se hizo público porque lo filmó con su celular un trabajador y lo subió a las redes. El trabajador fue despedido horas después de publicar el video. ¿Y dónde estuvo nuestra indignación? La empresa nunca hubiera hecho públicos sus envenenamientos, a pesar de estar obligada por ley, por cuestiones éticas y morales básicas y por elemental humanidad; pero es tan grande, que presume no haya ley que se le aplique.

En Chile, en el 2018, la empresa argentina YPF derramó miles de hectolitros de petróleo en el territorio de Cullen; resulta difícil saber cuáles serán las consecuencias ecológicas a largo plazo porque el derrame alcanzó los 6,000 metros cuadrados de superficie, perjudicando la cadena alimenticia y el ciclo reproductivo de toda la biodiversidad austral.

Extrapolando los datos históricos, podemos decir que diariamente se extinguen unas 100 especies animales y vegetales; desaparecen 50,000 hectáreas de selvas tropicales; los desiertos avanzan 20,000 hectáreas. Cada 24 horas liberamos a la atmósfera otros 100 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, que coadyuva al incremento global de la temperatura del planeta.

Muchos individuos inconscientes consideran que la vida humana es la única digna de conservarse, pero recordemos que apenas somos una de las billones de especies y formas de vida.
En contraste , hay muchos héroes y heroínas en este esfuerzo de salvar la vida sobre el planeta. Miles de personas, gobiernos e instituciones de la sociedad civil, están sumando esfuerzos para combatir el cambio climático:

Corea del Sur actualmente recicla el 95% de sus alimenticios; en Nigeria los padres cubren la colegiatura de sus hijos recolectando y depositando desperdicios reciclables; las tribus del Amazonas recientemente ganaron la batalla legal contra las compañías petroleras para evitar perforaciones subsecuentes; científicos mexicanos han logrado desarrollar un “plástico” a partir del nopal; un individuo en la India plantó un árbol diariamente durante 35 años, creando un verdadero e inmenso bosque; en la actualidad, las fuentes de energía renovable representan ya una tercera parte del total de la energía global que se produce; Holanda cubre de tierra y plantas los techos de sus camiones urbanos como refugio para las abejas; en una aldea de la India celebran el nacimiento de una hija plantando 111 árboles: a la fecha llevan 350,000 plantados.

Todas estas iniciativas para salvar al planeta nos inspiran e invitan a una acción colectiva intensa, planeada y global, pero, sobre todo, armónica con los principios de la Madre Naturaleza, y eso nos lleva a nuevos niveles universales de pensamiento.

Ahora, más que nunca, es el momento para que echemos mano de los magníficos poderes con los que fuimos creados: auto conciencia, compasión, altruismo y, más que todo, nuestra habilidad de adaptación. La evolución y la adaptación van de la mano para que podamos reinventar nuestra forma de vida para coexistir en armonía con las demás especies.

SALVEMOS AL PLANETA: OPUS #11

José A. Cárdenas y Lydia P. Vignau

“How many deaths will it take ´till he knows, that too many people have died”. Bob Dylan, Blowing in the Wind

Hace algunas semanas, el Sumo Pontífice propuso que la Iglesia Católica debe incluir en su doctrina los “pecados en contra de la ecología”. Más aún, los “ecocidios”, manifestó, deberán considerarse como una quinta categoría de crímenes internacionales en contra de la humanidad.​

Un ecocidio resulta de una contaminación masiva de aire, tierra y agua, por acciones humanas que ocasionan un desastre ecológico total o parcial, o la destrucción de un ecosistema, y afectan la vida de quienes habitan la zona impactada: flora, fauna y los mismos seres humanos. Este daño, por definición cuantioso, puede además ser irreversible o casi imposible de regenerar.​

Existen muchos ejemplos de ecocidios en la historia reciente, aunque lamentablemente algunos han sido tomados con indiferencia, minimizando su grado de importancia y seriedad: el denominado “agente naranja” en la guerra de Vietnam, el crecimiento desordenado en la Isla de Pascua, la tala de árboles en Brasil o la desaparición del Mayab.

Estos desastres ecológicos, que resultan en ecocidios, frecuentemente empiezan con la actividad de gobiernos en tiempos de guerra, y más tarde, los mismos agentes causantes del daño son comercializados por corporaciones que saben que su actividad es criminal, porque viola los principios de justicia ambiental, pero por su ambición desmedida siguen elaborando y comercializando esos productos ecológicamente peligrosos. A esta combinación se suma la ignorancia y apatía de los consumidores, convirtiéndose el proceso en un verdadero círculo vicioso. Para combatir estas actividades criminales, hay organizaciones gubernamentales responsables, activistas ambientales y algunas organizaciones internacionales, a las que recientemente se ha sumado la Iglesia Católica.

​El papel de la Iglesia Católica puede resultar protagónico en este momento: 1,313 millones de fieles, casi una sexta parte de la humanidad según el censo de 2017, habitantes de grandes economías como Brasil, México, Filipinas, Estados Unidos, e Italia en orden de números de católicos, se encuentran bajo la potestad de los Estatutos Romanos de la Iglesia. La Iniciativa del Papa Francisco de introducir en el catecismo de la iglesia los pecados en contra de la ecología puede ser providencial y de trascendencia considerable, si existe la voluntad de propios y extraños para escuchar su llamado.

Hace unos días se presentó en distintos países la premier de la película Dark Waters, basada en el caso real de DuPont, una gran corporación multinacional: un abogado responsable y tenaz logra conectar miles de muertes y enfermedades inexplicables a esta compañía. Mientras la verdad afloraba paulatinamente durante largos años, el profesional del derecho pone en entredicho su futuro, arriesgando su vida y la de su familia. No es la primera vez que el Séptimo Arte nos conduce a un examen de conciencia sobre los delitos ecológicos: Erin Brokovich y Acción Civil son otros buenos ejemplos.

No obstante, estas grandes manifestaciones de propaganda de la modernidad, ni siquiera la voz de la Iglesia será suficiente si nos mantenemos apáticos e ignorantes ante la inminente destrucción de nuestro Gran Hábitat: según expertos internacionales, nos queda poco más de una década del mundo como hoy lo conocemos y disfrutamos, si no logramos contener el aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. ¿Vamos a permanecer pasivos? ¿O vamos a sumar nuestros esfuerzos para realizar esta difícil pero no imposible obra mayúscula entre todos, en menos de 11 años?

EL CAMINO

Con el propósito de llegar a Santiago de Compostela, siguiendo el ancestral peregrinaje para postrarte ante la tumba del apóstol, puedes tomar diversas rutas, más o menos frecuentadas, dependiendo de tu agenda, intereses y capacidades. Lo importante es decidirte, planearlo y prepararte para llevar a cabo este derrotero. Para muchos, esta aventura nos convierte en mejores personas, pero, sobre todo, también representa un reto considerable a superar.

Recientemente he indagado sobre el tema del Camino de Santiago incorporando diversas perspectivas de personas que lo han recorrido, encontrando que todas ellas describen no solo un viaje sino una experiencia vital inolvidable: el Camino presuntamente representa una metáfora de la vida, dado que incorpora retos, decepciones, alegrías, tristezas, lo bello y lo delusorio, la obra del Creador y la labor de la humanidad.

Temas sobresalientes son el desgaste físico y el sacrificio corporal asociado al recorrido, atributos indispensables para el peregrino religioso que decide purificarse en su devenir hacia Compostela. No obstante, un médico me confió que este esfuerzo es un imperativo para todos, para que el Camino “te hable” y te conduzca a despojarte de todo aquello que no es necesario para nuestra vida íntegra o para nuestro futuro trascendente. De la misma manera, me indica que es importante recorrerlo acompañados de personas afines en cuanto a edad, temperamento, perspectiva existencial y propósito.

Razones y explicaciones para recorrerlo no faltan, porque el Camino: es para todos, es un viaje siempre nuevo, es un trayecto dentro y fuera de nosotros, un viaje espiritual, bello, diferente, saludable, más allá de nuestro limites, sorprendente; un viaje que fortalece de manera indisoluble las relaciones de amistad y las lleva hasta los confines que decidamos permitirlo.

Los testimonios indican que todas las personas que recorren el Camino de Santiago son seres extraordinarios por definición, no solo porque han caminado decenas o cientos de kilómetros cargando una pregunta vital, sino porque han encontrado cientos de respuestas memorables que han transformado su vida: saber perder el miedo, buscar siempre una solución a una situación adversa, encontrar formas diferentes de abordar las cosas, comprender que el mundo es maravillosos, aunque lo “pintemos feo o malo”. No obstante, se requieren ciertos atributos: si somos capaces sorprendernos por un atardecer en Venecia o un amanecer en Compostela, estamos preparados para unirnos a tantos peregrinos que han llegado a encontrar fascinación en el Camino.

Ayer, una amiga muy querida me envió una imagen de Santa Teresa de Ávila en éxtasis, con el siguiente mensaje: porque seamos la luz que estamos destinados a ser. ¿Será el Camino el medio para serlo?

FÍSICA SOCIAL E INTELIGENCIA COLECTIVA

Desde los años cuarenta, los científicos han buscado producir una máquina capaz de equiparar la inteligencia del hombre: desplegar sentido común, habilidad para aprender, razonar y resolver problemas complejos en todos los campos del conocimiento. Los expertos coinciden que todavía faltan un par de décadas para poder construir una auténtica inteligencia artificial.

No obstante, para Alex Pentland, del Laboratorio de Dinámica Humana del MIT, el mundo extraordinariamente conectado que vivimos, así como el dinamismo y flujo de las ideas en contextos, formas y formatos emergentes, demandan conocer y cultivar las leyes de una nueva física social.

¿De dónde y cómo fluyen las ideas en la actualidad?  Tal vez estamos en los albores de una inesperada era de Ilustración; un devenir intelectual histórico en donde nuestras vidas se ven alteradas por redes que combinan personas, objetos digitales y computadoras, permitiéndonos mayor contribución y cambios más vertiginosos. Súbitamente, nos agitamos en un crisol de mentes y tecnologías con poderes y debilidades sin precedentes.

Históricamente los mercados, los pensadores y los políticos influían gradualmente y los acontecimientos se desenvolvían con relativa lentitud, en una sociedad en donde todos contábamos hasta cierto punto con la misma información y teníamos tiempo de actuar racionalmente.  Actualmente, el flujo de las ideas, económicas, políticas o filosóficas, incluyen el efecto de millones de personas aprendiendo unas de otras, afectando recíprocamente nuestra opinión o postura. Multitudes virtuales toman vida en minutos con participantes de todo el mundo; y cada día tenemos a millones de personas distintas, participando, comentando y contribuyendo.

Por desgracia ya no podemos solamente pensar como individuos aislados, tomando decisiones escrupulosamente; debemos incorporar el efecto de la física social que impacta nuestras decisiones individuales y puede conducirnos colectivamente a colapsos económicos, conmociones políticas y revoluciones ideológicas.

Nick Bostrom, director del Instituto del Futuro de la Humanidad, Universidad de Oxford advierte que eventualmente podremos construir una inteligencia de orden superior, pero es necesario asegurar que salvaguarde los valores humanos y controlar lo que esta superinteligencia quisiera hacer por cuenta propia.

Adam Smith argumentaba que la naturaleza humana conlleva a mercantilizar no solo productos y servicios, sino también ideas. ¿Estamos preparados para intercambiarlas de manera responsable bajo este nuevo orden?

CLASS REUNION

Thirty one years ago, a small group of students from different countries around the world gathered for the first time at the Sloan School of Management to participate in an educational adventure aimed at strengthening competencies for the management of emerging technologies: the so-called MOT Program.

For Mario Benedetti, an instant is the crossing of two times, the crossing of two paths, the crossing of two lives and, at that moment, involves a huge or a tiny world. For the alumni of my MOT class, the reunion in Cambridge, Massachusetts a few days ago, meant precisely a moment where we convened during a fleeting present sharing «the feelings, the predictions of the future and the leftovers of forgetfulness».

For three decades, some of our colleagues left us behind and today enjoy a better life; others could not accompany us due to illness or for various reasons. But for we all whom reunited there was an intense and sincere desire to repair the ravages of distance, time, absence and separation.

I cannot imagine a richer environment in terms of diversity and inclusion: cultural diversity, ideologies, ethnicity, experiences, further academic formation, lifestyles and professional paths. However, the inclusion, accompanied by a glass of good wine, placid conversation, gastronomic delights, artistic and academic events, resulted in a coveted coalition, placing each one of us in the same temporal, spatial, emotional and spiritual context.

Walking once again around the Massachusetts Institute of Technology campus was undoubtedly an unforgettable experience; doing it in harmony, with those who were part of an important stage of your academic life, was more than memorable.

Fifty years after the arrival of man on the moon, MIT has educated thousands of scientists and technologists from around the world, including thirty-five astronauts, four of whom walked on the surface of the Earth’s satellite. However, this handful of MOT alumni who enjoy each other’s company that weekend of June also fully represents the educational quality of an avant-garde academic institution. The reunion validated my belief that this generation has contributed significantly to our having a better world and that the future that holds for our descendants is underpinned by contributions from great men and women.

Benedetti, Uruguayan poet and writer, captivates us with his appreciation of the inevitable: «yesterday, past passed with its history and frayed uncertainty; with his stain of fright and blame». But he also adds in another poem: «slow, but it comes; the future approaches slowly, but it comes». Our reunion in the present time, at that instant, was the only real thing: the past no longer exists, and the future has not arrived.

LOS UMBRALES DE UNA PENA

Nadie escapa del sufrimiento en esta vida; nadie está exento de una pena: tragedia, pérdida, enfermedad o muerte. Sin embargo, poca atención le ponemos a este ineludible proceso vital hasta que, súbitamente, lo enfrentamos en lo personal. Sabemos que, a menudo, las tragedias y el sufrimiento nos provocan confusión, tristeza, ira, horror o amargura, pero ponemos poca atención al aprendizaje y renacimiento asociados. La Biblia nos enseña que el sufrimiento produce perseverancia; la perseverancia, entereza de carácter; la entereza de carácter, esperanza (Romanos 5: 3-4).

Francis Weller propone cuatro umbrales o puertas que nos ofrece una pena. El primero y más socorrido consiste en confrontar la pérdida de una persona que amamos. No obstante, nuestro error es pensar que la perdimos, no que encontramos otra forma de amarla y muchas maneras alternas de que viva en nosotros. La pena de esta pérdida se puede transformar entonces en una experiencia emocional, propositiva, saludable, infinita y eterna.

Un segundo umbral lo enfrentamos al encontrarnos en lugares y momentos que nunca vivimos ni experimentamos; en lo que pudo haber sido y no fue. Constituyen una pena adicional por el vacío que provoca edificar eventos que nunca sucedieron en lugares que nunca visitamos. Sin embargo, es entonces cuando la fantasía de lo inexplorado nos conduce a un mundo ideal sin trances ni añoranzas. Aquello que se nos negó está ahora presente, y el limite es tan solo la imaginación.

De lo individual a lo ajeno y colectivo transita nuestra pena hacia un tercer umbral. No olvidemos que somos eminentemente gregarios y como el poeta nos enseñó, cuando doblan las campanas están doblando por ti. En ese momento, superando las penas muy nuestras, somos capaces de adoptar genuinamente las penas de otros. De esta manera la enfermedad de un amigo, los problemas de los hijos, los atentados terroristas o las afectaciones a nuestro hábitat, se vuelven más nuestras, porque somos fundamentalmente más sensibles por las penas que hemos experimentado en el pasado en lo personal.

Finalmente, un cuarto umbral lo constituyen las penas y sufrimientos que no conocemos ni hemos experimentado; que no anticipamos y que aparentemente no se encuentran en nuestra agenda. Para esto, las fortalezas y atributos que adquirimos en previos umbrales nos proveen las virtudes para prepararnos a lo desconocido y tal vez ineludible; desarrollamos una relación espiritual con el Cosmos para seguir adelante por toda la eternidad.

Hoy hace ocho años nos dejó la compañera de mi vida; desde entonces inicié una experiencia emocional sin límites. Durante este tiempo he rencontrado lugares, momentos y personas con una perspectiva de paz y fascinación incomparables; inclusive aquellos que nunca vivimos en pareja. Hoy soy capaz de comprender los sufrimientos ajenos con mayor intensidad; todo esto me ha permitido estar listo para un reencuentro con Dios, para apegarme humildemente a sus enseñanzas y designios.

EL FUEGO, LA FE Y EL FUTURO

Recientemente, un importante ícono de la Iglesia Católica y de toda la Humanidad, la Catedral de Notre Dame, fue destruido por el fuego, como una muestra de la vulnerabilidad de la obra del hombre; como un llamado a la fe, para fortalecer y cimentar el futuro.

Al otro lado del mundo, en la Woodlands Church, ubicada al norte de la ciudad de Houston, periódicamente dicta conferencias Lee Strobel, autor del libro The Case for Christ.  Strobel, ateo converso, describe su transformación espiritual basada en un escrutinio científico de la vida de Jesucristo. Sus indagaciones, apuntaladas por decenas de especialistas en distintas ramas del conocimiento, presentan la realidad de la muerte y resurrección de Cristo, e incluyen testimonios presenciales de cientos de personas.

Strovel pretende tender un puente entre la fe y la razón, el mandato del espíritu y la racionalidad de los hechos. Un hecho fundamentalmente supra natural es comprobado por la evidencia científica, y traducido al lenguaje de la razón. El incidente de Notre Dame, por el contrario, resulta primordialmente el resultado del error humano, y nos invita a derribar el muro entre la realidad de la tragedia asociada al gran monumento gótico y el esplendor inefable de la Obra del Señor.

De acuerdo con la Encíclica “Fides et Ratio” de Juan Pablo II, la fe no es incompatible con la búsqueda propia de la razón, porque es importante encontrar un sentido y descubrir los motivos que permitan a todos entender los contenidos de la fe. De hecho, afirma el Santo Padre, la Iglesia aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos asociados a hacer más digna la vida de las personas, tomando en consideración que la filosofía es una ayuda indispensable para profundizar en el descubrimiento de la fe y comunicar la verdad del Evangelio a cuantos aún no la conocen. Además de la filosofía, “el hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más humana la propia existencia”

El Papa Francisco proclamó hace unos meses que “la Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte”; la fe y la razón nos indican la veracidad de sus palabras. Hoy, el fuego y la fe pregonan la esperanza y la promesa de un futuro trascendente.

LIDERAZGO DE GÉNERO

Existen dos tipos de liderazgo: el transaccional, que depende de la habilidad de controlar estructuras y procesos, y el liderazgo transformacional de quien busca la motivación y lealtad unificando propósitos. El primer tipo se asocia a los líderes masculinos y el segundo se considera más bien femenino. ¿Realmente ostentan las mujeres un estilo diferente de liderazgo?

Un estudio sobre liderazgo femenino urge a las organizaciones e instituciones a apreciar y aceptar un estilo interpersonal de dirigir, en contraste del liderazgo predominante por sumisión y control: al valorar esta diversidad de estilos, los grupos sociales encontrarán la fuerza y flexibilidad para sobrevivir en un entorno económico diverso y competitivo.

Más recientemente se habla de un liderazgo interactivo refiriéndose al estilo femenino de dirigir, a través del cual las mujeres se esfuerzan por interacciones positivas con sus colaboradores, específicamente: la búsqueda de participación, compartir poder e información, fomentar la autoestima de otros y desplegar pasión por el trabajo. Presuntamente, estos comportamientos del líder provocan en los seguidores sentido de pertenencia, contribución, influencia e importancia; una situación ganar-ganar favorable para los individuos y la organización. Su estilo de liderazgo va más allá de la multicitada gestión participativa porque las líderes están convencidas que las personas tienen un mayor desempeño si se sienten bien respecto a sí mismas y a su trabajo, por lo que fomentan situaciones que contribuyan a escalar este sentimiento.

John Naisbitt y Patricia Aburdene argumentan que los estilos de gestión del futuro asombrosamente concuerdan con el estilo de liderazgo femenino: los consultores y especialistas en desarrollo de las organizaciones tratan de convencer a los líderes masculinos a desprenderse de sus preferencias por un control desmedido, mientras que en las mujeres convienen de manera natural. No obstante, si las mujeres son tan buenas en ajustarse a estos comportamientos ¿Por qué no hay más mujeres en posiciones de liderazgo e influencia? Las respuestas tradicionales oscilan entre la discriminación tácita en un mundo dominado por líderes masculinos, y la falta de agresividad, confianza e interés por escalar las jerarquías por parte de las mujeres.

¿Qué tipo de líderes demandan nuestras organizaciones e instituciones, nuestro estado, nuestro México? Antes de decidir, reflexionemos sobre las palabras de Rosalynn Carter, quien afirmaba que un líder conduce a las personas hacia donde quieren dirigirse; más un buen líder las conduce hacia donde deben de ir, aunque no sea necesariamente el destino que anhelan. A su vez, Margaret Thatcher, insistía que uno de los grandes problemas de nuestra era es que somos liderados por personas que se preocupan más por los sentimientos que por los pensamientos y las ideas.

LA CRISIS DEL TRABAJO

Afirman que la subordinación física que antaño obligaba a un individuo a estar presente en un lugar y tiempo determinado para estar verdaderamente a disposición de su patrón, hoy, debido a la tecnología, no adquiere esta importancia, favoreciendo al trabajador y a su empleador. No obstante, no todos aceptan a la tecnología como la panacea del mundo del trabajo.

En 1779, al borde de la locura, el asalariado inglés Ned Ludd destruyó la maquinaria de su fábrica por temor a perder su empleo.  Treinta años después, una banda de trabajadores inició un movimiento violento al norte de Inglaterra en contra de la incipiente mecanización industrial: los Luddities. Actualmente, el Neo-Luddism es una ideología que promueve una resistencia pasiva al consumismo de las tecnologías bizarras y atemorizantes, fruto de la Era de la Computación

La tecnología si ha traído grandes beneficios a la humanidad: investigaciones indican que un litro de gasolina utilizado en un automóvil equivale a la energía de 10 días de trabajo humano. En los mismos términos, la energía de derivados de petróleo que se consume en los Estados Unidos en un día es equivalente al trabajo humano requerido para construir 100 pirámides de Keops. ¿Qué podemos esperar del impresionante poder de las tecnologías digitales potenciando el trabajo físico y la energía intelectual del hombre?

Diversos autores, teorías y aún escuelas del pensamiento persisten en nuestros días, dogmatizando un efecto irremediable e incremental de la mecanización, automatización, robotización y computación dada la evidente intrusión de la tecnología, particularmente en el ámbito laboral. Estos Neo-Luddities consideran que la capacidad de una tecnología de resolver problemas conlleva potencialmente a crear mayores problemas y más peligrosos.

Efectivamente la tecnología trae beneficios y retos que superar, en particular en el contexto de trabajo. Leopoldo J. López Rodriguez, autonombrado “laborólogo” mexicano afirma que estamos enfrentando una crisis temporal, espacial y estructural del empleo. En cuanto a lo temporal, la gente de la antigüedad, por abuso y por fatiga, vivía hasta que se acababa, mientras que ahora espera vivir hasta que se le presente un ataque cardíaco, una embolia o sea víctima del estrés laboral. En lo que atañe a una crisis espacial del trabajo, el hecho de tener que laborar en un lugar determinado, dígase una planta productiva, es cuestionado por contar ahora con nuevas fórmulas y posibilidades de trabajo en casa o trabajo a distancia. Finamente, la crisis estructural se asocia a redes emergentes productivas, comerciales o de servicio.

Para algunos de nosotros, las actitudes y conductas en contra de la tecnología se ubican más en el plano personal que en el colectivo: está en cada uno decidir utilizar o no agua caliente o luz eléctrica, desechar su teléfono inteligente, caminar al trabajo, salirse de Facebook o simplemente aborrecer a su computadora personal. ¿Estamos dispuestos a estos sacrificios?