RENCUENTRO

Hace treinta y un años un pequeño grupo de estudiantes proveniente de nueve países se dio cita por primera vez en el recinto de la Sloan School of Management para participar en una aventura educativa orientada a fortalecer competencias para la gestión de tecnologías emergentes: el denominado MOT Program.

Para Mario Benedetti, un instante es el cruce de dos tiempos, el cruce de dos rumbos, el cruce de dos vidas y, en ese instante, cabe un mundo enorme o minúsculo. Para los exalumnos de mi generación del MOT, el rencuentro en Cambridge, Massachusetts hace algunos días, significó precisamente un instante en donde se concentraron durante un presente efímero “los sentimientos, los vaticinios del futuro y los sobrantes del olvido”.

Durante tres décadas algunos compañeros se nos adelantaron y hoy disfrutan de mejor vida, otros no pudieron acompañarnos por enfermedad o por causas diversas, pero en todos los presentes se manifestó un intenso y sincero deseo de reparar los estragos de la distancia, el tiempo, la ausencia y la separación.

No puedo imaginar un ambiente más rico en cuanto a diversidad e inclusión: diversidad cultural, de ideologías, étnica, experiencias, formación académica ulterior, estilos de vida y trayectorias profesionales. No obstante, la inclusión, acompañada por una copa de buen vino, delicias gastronómicas, eventos artísticos y académicos, se tradujo en una codiciada coalición, ubicando a todos y a cada uno de nosotros en un mismo ámbito temporal, espacial, emocional y espiritual.

Transitar nuevamente por el campus del Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT) fue sin duda una experiencia inolvidable; hacerlo en armonía, con aquellos que formaron parte de una etapa importante de tu vida académica, fue más que memorable.

A cincuenta años de la llegada del hombre a la luna, el MIT ha preparado miles de científicos y tecnólogos de todo el mundo, incluyendo treinta y cinco astronautas, cuatro de los cuales caminaron sobre la superficie del satélite terrestre. Sin embargo, este puñado de exalumnos que disfrutamos de mutua compañía la primera semana de junio representa también plenamente la calidad educativa de una institución académica de vanguardia. El rencuentro confirmó mi creencia de que nuestra generación ha contribuido significativamente a que tengamos un mundo mejor y que el futuro que les depara a nuestros descendientes está apuntalado por aportaciones de grandes hombres y mujeres.

Benedetti, poeta y novelista uruguayo, nos cautiva con su apreciación de lo inevitable: “ayer pasó el pasado con su historia y deshilachada incertidumbre; con su huella de espanto y de reproche”. Pero también agrega en otro poema: “lento, pero viene; el futuro se acerca despacio, pero viene”. Nuestro rencuentro en el presente, en ese instante, fue lo único real: el pasado ya no existe y el futuro no ha llegado.

LO FAMILIAR DE LAS EMPRESAS

Es bien sabido que el conflicto humano está presente en las empresas familiares de todas las culturas; el reto es reconocer a tiempo las señales de alerta y convertir los conflictos potenciales en una ventaja familiar.

Economistas se han pronunciado durante décadas por la desaparición inminente de las empresas familiares, arguyendo que el capitalismo las marginaría y que las tensiones familiares obstruirían la ineludible gestión profesional.  De alguna manera han tenido algo de razón; pero no por completo.

Gordon y Nicholson, en su obra Family Wars plantean la necesidad de entender las lecciones de fracaso de decenas de empresas familiares, debido a que esto puede ayudar a muchas organizaciones. Intrincadas sagas de poderosas dinastías parecen literatura de ficción: la familia Gallo, los Watson en IBM, los Ford, la familia Disney, U-Haul, Guiness y la dinastía Gucci, son ejemplos que nos hacen recordar las palabras de Boris Pasternak: Los hombres poderosos están tan ansiosos de parecer infalibles, que eventualmente ignoran la verdad.

No obstante, un reportaje de semanario The Economist indica que cerca del 20% de las corporaciones listadas en Fortune Global 500 son empresas familiares y, en el caso de las empresas europeas, la cifra relativa se duplica. Estamos hablando de organizaciones ampliamente conocidas y reconocidas, tales como Walmart, New York Times, BMW, FIAT, Samsung y Fox Entertainment .  ¿Qué está sucediendo en estas empresas?

Por una parte, el conflicto potencial se maneja desde diversas perspectivas: por su esencia, su origen, como proceso y como producto de un fenómeno de interacción social significativamente complejo: la persona, la familia y el negocio. Los autores de Family Wars sugieren prestar especial atención a los síntomas de futuros problemas: cambios abruptos de comportamiento de los dueños, inequidad percibida, errores y fracasos, brechas de comunicación, falta de consenso, objetivos confusos o falta de rumbo, privilegios y nepotismo, ambigüedad en los roles y ausencia de un dialogo abierto, entre otros.

Algunas de las acciones de las empresas familiares exitosas pretenden minimizar los conflictos intergeneracionales: crear un plan regulador accionario entre los miembros elegibles, instalar esquemas de liderazgo a largo plazo incluyendo atributos indispensables, disparadores del cambio y límites temporales; incorporar prácticas y políticas de educación, desarrollo y carrera individual sancionadas por terceros con objetividad e influencia para dictaminar potencial y desempeño.

El hotel Hoshi de Japón ha sido manejado por la misma familia durante 46 generaciones desde su fundación en el año 718. Este ejemplo de longevidad empresarial nos invita a reflexionar sobre las palabras del autor de La Riqueza de las Naciones, Adam Smith, quien sostenía que un administrador profesional nunca podría imprimir en el negocio la “acuciosa vigilancia” característica de su dueño.

VOY A CONTARTE UNA HISTORIA

Edgar H. Schein afirma que la Cultura es una abstracción. No obstante, continúa , las fuerzas que desata en el contexto social y organizacional son significativas y poderosas; si no las entendemos seremos víctimas de ellas.

De la misma manera, afirma que los temas de liderazgo y de cultura organizacional están íntimamente entrelazados, toda vez que diferentes ocupaciones y estilos de liderazgo, definidos como perspectivas antropológicas, sociológicas y de psicología social y cognitiva, determinan y transforman la cultura de una organización. Por tal, la historia de un líder es a su vez la historia de una cultura organizacional. ¿En dónde podemos escuchar estas historias? ¿Cómo logramos utilizarlas como fuente de aprendizaje de manera crítica y constructiva?

Al contar historias nos hace sentido el presente, comprendemos el pasado y liberamos la imaginación para construir futuro. Los antropólogos sociales argumentan que la habilidad del hombre para contar historias desde el principio de los tiempos ha permitido trasmitir información y conocimientos de generación a generación, coadyuvando con el acervo intelectual de la raza humana.

La trama de la historia es bien conocida: primero, el líder en su faceta de emprendedor es el arquitecto de una cultura; segundo una vez que la cultura toma forma, personifica el tipo de liderazgo posible y exitoso; tercero, cuando los elementos de esta cultura se vuelven disfuncionales, el líder lleva a cabo un cambio cultural.

¿Qué significa cultura organizacional en esta historia? Cultura es la simiente del orden social que vivimos en una organización, así como las reglas que mantienen el tejido operando con rumbo y armonía. En todo caso, la fuerza y estabilidad de la cultura dependen primordialmente del líder.

La narrativa de esta historia se despliega a partir de conductas cotidianas observadas en cuanto a la interacción de los miembros de la organización en cuestión, incluyendo costumbres, lenguaje, rituales y tradiciones. Eventualmente estos comportamientos evolucionan como normas y valores de grupo, para convertirse en un momento dado en una filosofía formal de trabajo. Al final de la historia contamos con un clima organizacional explicito, modelos mentales predominantes en la organización y significados compartidos: la fuerza, estilo y presencia de un líder embebidos en la cultura de la empresa.

Sin embargo, lo paradójico es que el desenlace de la historia difiere por las características del líder, por su momento histórico, sus productores, editores y actores; se transforma en el tiempo como un filme de Luis Buñuel. 

Al intentar aprender de estas obras, vas a encontrar protagonistas, estrellas y celebridades al por mayor: Watson en IBM, Azcárraga en Televisa, Jobs en Apple, Iacocca en Chrysler, Servitje en Bimbo, Sloan en General Motors; diversos tipos, géneros, estilos, modos; toda clase de historias. Debes entonces tener la mente abierta para escucharlas.

PASIÓN POR EL DEPORTE

El deporte es bueno para todos en muchos sentidos; tres premisas básicas soportan esta afirmación. Primero, es divertido y entretenido, y logra proveer un medio para disminuir nuestras presiones cotidianas; para descargar tensiones que provienen de otras actividades. Segundo, fortalece la salud de los individuos y de la colectividad: a la persona le ayuda a tonificar el organismo; a la sociedad le provee un escape de sus muchas vicisitudes. Finalmente, el deporte es una distracción social masiva fincada en la interacción entre el deportista y el espectador. ¿Se cumplen cabalmente estos atributos en el deporte moderno?

Los gobernantes de la antigüedad construyeron grandes obras para fomentar el deporte y proveerle al ciudadano algún tipo de entretenimiento: incas, mayas, griegos, romanos, hebreos, ingleses, españoles. En la época moderna, los medios han establecido una relación simbiótica con el deporte la cual les permite sobrevivir a ambos. Aparentemente los medios le otorgan al deporte algún tipo de publicidad gratuita, pero también son los jueces y verdugos de deportistas y deportes. En la medida que el jugador o el juego no constituya noticia ni negocio, el entretenimiento que proporciona pasa a segundo plano.

La pasión excesiva y obsesión por el deporte inhibe algunas veces sus bondades, tanto para el individuo como para la colectividad. La salud está asociada a hábitos sanos, mismos que facilitan y soportan los deportes: actividad muscular y respiratoria moderadas, balance cardiovascular y neuromuscular, frugalidad alimenticia. No obstante, para satisfacer el hambre por grandes espectáculos y nuevos records, el mundo del deporte amateur y profesional está repleto de accidentes, excesos, así como de enfermedades y deformaciones prematuras.

¿Quién puede negar la distracción masiva positiva que ofrece un buen clásico de futbol? Sin embargo, aun en un torneo escolar la competencia desmedida conduce a algún tipo de violencia. El connotado Vince Lombardi, otrora considerado arquetipo del líder, afirmaba que “para jugar futbol americano se necesita tener fuego en tu interior, y no hay nada mejor que el odio para avivarlo”. Otros afirman que la competencia es fundamentalmente destructiva y ganar no prueba que eres una mejor persona. No obstante, posiblemente tendríamos un mundo monótono y una vida tediosa si no tuviéramos que enfrentar continuamente los retos que implica competir contra nosotros mismos y contra otros.

El historiador y escritor James A. Michener afirmaba que competir es una regla de la naturaleza, dado que la tensión es parte del equilibrio del universo. De esta manera, una competencia sana es buena para los seres humanos y seguramente nos permite vivir más.

Por fortuna, aun considerando todas estas incidencias y perspectivas, para una mayoría de nosotros el deporte sigue siendo, divertido, entretenido, sanamente competitivo y nos ayuda a sobrellevar los embates de día con día.

VAYAMOS A DISTRUTAR DEL FÚTBOL

Alberto Camus, portero aficionado, filosofo y escritor francés afirmaba que, después de muchos años en que el mundo le había permitido variadas experiencias, la que más sé acercó a la moral y las obligaciones de los hombres, fue el fútbol.

Esta semana tendremos la Gran Final del fútbol mexicano. Como fenómeno social, recordemos que el fútbol también se aborda desde la perspectiva de la historia y la sociología de las masas.

La historia del fútbol es la historia de los grandes torneos, de los grandes equipos, de los grandes jugadores. También es la historia de grandes controversias y contradicciones; es la historia de las reglas y las excepciones.

Entre los actores sobresalen el fanático y el aficionado. Mientras que éste último pudiera antojarse como un sujeto reactivo, marioneta de los intereses políticos y económicos que se mueven detrás del fútbol, el primero pretende justificar el fanatismo, la violencia y la anarquía que afecta la conservación del orden establecido. En todo caso, el estadio de fútbol es un espejo de la sociedad actual como lo fue el Campo Olímpico en la Antigua Grecia o el Circo en el Imperio Romano. ¿Qué queremos del fútbol? ¿Cuáles son sus atributos rescatables en nuestros días?

El fútbol moderno nace entre la alta burguesía inglesa, buscando superar el ocio con actividades no utilitarias dentro de las altas clases sociales no destinadas a trabajar. No obstante, así como la cultura, el arte y otros hábitos y costumbres populares surgen de las clases dominantes y son replicados eventualmente por las clases subalternas, el fútbol fue adoptado – y mejorado- por las masas.

En nuestros días, conquistar un pase en un Mundial es motivo de júbilo nacional; quedarse fuera de la copa del mundo, es un golpe económico, social y moral. Con la debida proporción, sucede algo similar en los torneos nacionales y las justas universitarias.

El fútbol que admiraba mi padre no es aquel de las porras radicales mexicanas, de las barras bravas argentinas, de los hooligans, de los ultras españoles o los teppiste italianos; no reverenciaba el fútbol en donde triunfa el que mejor engaña. Buscaba el fútbol del jugador con un culto genuino a la ética deportiva, al coraje, la astucia, al triunfo colectivo; el fútbol del aficionado que disfruta sanamente, con la familia y el amigo, la emoción momentánea de un partido.

Don Ramón Cárdenas Coronado tampoco veneraba la mediatización absurda de nuestro deporte, que se justifica aparentando borrar las barreras de clase mientras ostenta intereses económicos con el incentivo de hacer negocio. Fomentaba el fútbol que propicia las verdaderas relaciones de amistad entre jugadores, dirigentes y aficionados. Por eso y muchas cosas más, vayamos a disfrutar del fútbol.

UNA NUEVA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

La trasmisión de conocimientos va más allá de solo intercambiar información, dado que requerimos confiar en la fuente que los origina; esta confianza va de alguna manera embebida en el medio, el contexto en el que transitan los conocimientos.

Refiriéndose a un estudio reciente que revela que en el mundo se producirán 40 zettabytes (¡40 trillones de gigabytes!) de información para el próximo año, la acreditada Asociación para la Administración de Información e Imagen (AIIM) considera que este fenómeno es uno de los tópicos más importantes para los líderes de negocios; tomar decisiones erróneas en este contexto tendrá un impacto importante en la habilidad de las organizaciones para sobrevivir.

Para otros, es posible que estas cifras colosales indiquen el ocaso de la Era de la Información y el perentorio advenimiento de las nuevas sociedades del conocimiento, en el seno de la Era Conceptual, como la denomina Daniel H. Pink. Con base en las investigaciones de este autor, la figura central de la Era de la Información representada por el trabajador informado (knowledge worker), la ocupará ahora el trabajador creativo, innovador y empático, en una Era emergente e inevitable para el mundo contemporáneo.  Más allá de las consecuencias de la afluencia de información, los cambios tecnológicos y la globalización en el tránsito hacia esta nueva Era Conceptual, un diferenciador importante es que demanda más individuos capaces de operar con el lado derecho del cerebro. Más aun, individuos y empresas alambradas de forma diferente.

Por una parte, se requieren personas y organizaciones con la capacidad de crear belleza, articular emociones, construir mundos diferentes con narrativas convincentes, detectar nuevos esquemas y oportunidades; capaces de combinar ideas no relacionadas y transformarlas en aportaciones innovadoras. Todo lo anterior, utilizando de manera inteligente y crítica el enorme flujo de información y conocimientos que nos transfiere la Era de la Información. También son indispensables habilidades sociales de empatía, interacción humana; encontrar la felicidad y trasmitírsela a otros; operar en ámbitos de alto desempeño siguiendo un propósito trascendente o un objetivo con gran significado.

¿Qué implica este escenario en nuestra conducta esperada? Ponderar y darle importancia a la funcionalidad de nuestros productos y servicios, ya a la vez incorporar diseño y belleza percibida; construir argumentos para nuestras propuestas y posturas, siendo además persuasivos y convincentes; buscar especializarnos para ser expertos en los temas de importancia, pero saber orquestarlos para darles contexto en un sistema de mayor nivel y complejidad. De la misma manera requeriremos mantener la compostura y seriedad, sin perder la capacidad lúdica y el sentido del humor, así como buscar el acopio sensato de bienes, poder e influencia, sin perder de vista lo espiritual y trascendente. En fin, ganarnos nuestra ciudadanía para ser parte de una nueva y sorprendente sociedad basada en el balance constructivo de ambos lados del cerebro.

INNOVACIÓN, OPTIMISMO Y EMPATÍA

Hace más de una década, Bill Gates recibió el Doctorado Honoris Causa en la Universidad de Harvard. Durante su discurso, nos dejó entrever una inquietud emergente por llevar la tecnología a las clases más marginadas y asegurarnos que la innovación favorezca a muchos en todos los rincones del orbe; la Fundación Bill y Melinda Gates tenía unos pocos años de haberse establecido. Cinco años después escuchamos a Bill Gates en la Universidad de Stanford; ahora acompañado de su esposa Melinda; ambos personajes trasmitieron un mensaje intenso y conmovedor sobre la innovación, el optimismo y la empatía.

Buscando apoyar a las poblaciones de pocos recursos del mundo en cuanto a cerrar la brecha tecnológica y democratizar el acceso a la Red de Redes, la fundación Gates invirtió sumas considerables durante varios años en donativos de equipo y sistemas computacionales. No obstante, en vez de desarrollar a esas comunidades, sus aportaciones tan solo dejaron entrever que muchas de las innovaciones en la materia estaban destinadas desde su origen a una población privilegiada del Primer Mundo; el resultado fue poner en evidencia las carencias fundamentales y la falta de tecnología apropiada para una buena parte de la población mundial. Con base en lo anterior, los esposos Gates urgieron a los graduados, maestros e investigadores a replantear el propósito y destino de las nuevas innovaciones tecnológicas en el marco de la realidad social del orbe; imprimirle una nueva dimensión al desarrollo tecnológico pensando en los demás, no solo en el resultado comercial y económico de la iniciativa en cuestión.

Autodenominados optimistas impacientes, Bill y Melinda Gates aceptan objetivamente el reto asociado a este planteamiento, porque definitivamente se requiere una gran dosis de optimismo si buscamos soluciones de carácter global para combatir el hambre y la pobreza; para construir una sociedad igualitaria en términos del acceso a la salud y al trabajo digno. Un optimismo realista para avanzar a pasos firmes como individuos, como grupos de interés y como líderes en cualquier ámbito.

La Fundación Bill y Melinda Gates es hoy en día la fundación privada de caridad más grande del mundo y su derrotero se reduce a unas cuantas palabras:  todas las vidas tienen el mismo valor: somos optimistas impacientes que luchamos por reducir la desigualdad. Innovación social con optimismo y empatía se presenta ahora como un imperativo de la realidad social de nuestro planeta: ¿estarán preparados los proveedores de capital de riesgo y los inversionistas para apoyar estas iniciativas?