La práctica del senderismo o hiking nos invita a reflexionar sobre la presencia de factores que transforman una actividad lineal en un reto exponencial. Recientemente, transitando por diversos senderos en la costa oeste de los Estados Unidos, me topé con la siguiente falacia: recorrer un sendero o circuito se antoja una actividad que demanda planificar una distancia a cubrir en un tiempo determinado, esto es, una actividad fundamentalmente lineal, desde la perspectiva del esfuerzo a realizar para superarla.
No obstante, estarán presentes diversos factores que multiplican exponencialmente el grado de dificultad involucrada, factores que se manifiestan de manera sistémica y deben necesariamente tomarse en cuenta: condición física, salud, estado anímico, cansancio acumulado y relación de ayuda; temperatura, viento, altitud, pendiente, lluvia, tipo de suelo, rocas, vegetación, por nombrar algunos. Como ilustración, tan solo el viento en contra y la lluvia presentes de manera simultánea, aumentan el grado de dificultad de manera exponencial para llegar a la meta trazada.
No podemos negar que estamos viviendo una época de retos y pensamientos exponenciales, ante los cambios acelerados en la manera de hacer negocio, la globalización, la tecnología, el medio ambiente y el mismo pensamiento humano. Más aún, al igual que el ejemplo narrado arriba, estas transformaciones “de asalto” operan dentro de un complejo sistema dinámico e incierto.
La paradoja en la gestión de los negocios, y en particular en la administración del Talento, es que siempre hemos vivido y operado en un mundo de características lineales, pero ahora el pensamiento y el llamado a la acción debe de ser fundamentalmente exponencial.
Un multicitado ejemplo nos ayuda a comprender mejor la magnitud del cambio de paradigma a afrontar: si damos 30 pasos de manera lineal, llegaremos a unos 10 metros de distancia; pero cuando la distancia de primer paso se multiplica por 2, la segunda por 4, la tercera por 8; y así sucesivamente, el hacerlo 30 veces sería equivalente en distancia a darle 26 vueltas al planeta!
Una aceleración exponencial del cambio implica entonces llegar significativamente más lejos y cubrir una distancia más rápidamente, con un impacto inimaginable.
Tan solo una dimensión relacionada con la gestión del talento resulta alarmantemente ilustrativa: el componente generacional. De esta manera, diseñar un sistema administrativo de Recursos Humanos que tome en consideración todas las facetas e interacciones de las 5 o 6 generaciones que conviven actualmente en las organizaciones, resulta un reto considerable y abrumador, porque es fundamental contar con un pensamiento exponencial para afrontar la tarea.
Otro ejemplo tiene que ver con el proceso de identificación, reclutamiento y selección del talento requerido. Los días de identificar tres o cuatro candidatos para cubrir un puesto quedaron enterrados en el pasado: las tecnologías de información y computación, aunadas con el potencial de las redes sociales, nos llaman a identificar miles de candidatos hasta llegar a seleccionar el más adecuado.
Finalmente, el carácter exponencial del conocimiento y los recursos digitales de aprendizaje ha dejado obsoletas prácticamente todos los formatos tradicionales de capacitación, entrenamiento y desarrollo. La respuesta única en la actualidad consiste en echar mano de las competencias de autodirección de los colaboradores, para hacerlos responsables de su propio aprendizaje.
Los profesionales de Capital Humano en la actualidad, estamos transitando un sendero con frío, lluvia, viento, condiciones adversas del terreno, así como cansancio acumulado y una condición anímica nada favorable. ¿Estamos equipados para llegar a la meta?