Con el propósito de llegar a Santiago de Compostela, siguiendo el ancestral peregrinaje para postrarte ante la tumba del apóstol, puedes tomar diversas rutas, más o menos frecuentadas, dependiendo de tu agenda, intereses y capacidades. Lo importante es decidirte, planearlo y prepararte para llevar a cabo este derrotero. Para muchos, esta aventura nos convierte en mejores personas, pero, sobre todo, también representa un reto considerable a superar.
Recientemente he indagado sobre el tema del Camino de Santiago incorporando diversas perspectivas de personas que lo han recorrido, encontrando que todas ellas describen no solo un viaje sino una experiencia vital inolvidable: el Camino presuntamente representa una metáfora de la vida, dado que incorpora retos, decepciones, alegrías, tristezas, lo bello y lo delusorio, la obra del Creador y la labor de la humanidad.
Temas sobresalientes son el desgaste físico y el sacrificio corporal asociado al recorrido, atributos indispensables para el peregrino religioso que decide purificarse en su devenir hacia Compostela. No obstante, un médico me confió que este esfuerzo es un imperativo para todos, para que el Camino “te hable” y te conduzca a despojarte de todo aquello que no es necesario para nuestra vida íntegra o para nuestro futuro trascendente. De la misma manera, me indica que es importante recorrerlo acompañados de personas afines en cuanto a edad, temperamento, perspectiva existencial y propósito.
Razones y explicaciones para recorrerlo no faltan, porque el Camino: es para todos, es un viaje siempre nuevo, es un trayecto dentro y fuera de nosotros, un viaje espiritual, bello, diferente, saludable, más allá de nuestro limites, sorprendente; un viaje que fortalece de manera indisoluble las relaciones de amistad y las lleva hasta los confines que decidamos permitirlo.
Los testimonios indican que todas las personas que recorren el Camino de Santiago son seres extraordinarios por definición, no solo porque han caminado decenas o cientos de kilómetros cargando una pregunta vital, sino porque han encontrado cientos de respuestas memorables que han transformado su vida: saber perder el miedo, buscar siempre una solución a una situación adversa, encontrar formas diferentes de abordar las cosas, comprender que el mundo es maravillosos, aunque lo “pintemos feo o malo”. No obstante, se requieren ciertos atributos: si somos capaces sorprendernos por un atardecer en Venecia o un amanecer en Compostela, estamos preparados para unirnos a tantos peregrinos que han llegado a encontrar fascinación en el Camino.
Ayer, una amiga muy querida me envió una imagen de Santa Teresa de Ávila en éxtasis, con el siguiente mensaje: porque seamos la luz que estamos destinados a ser. ¿Será el Camino el medio para serlo?