Desde los años cuarenta, los científicos han buscado producir una máquina capaz de equiparar la inteligencia del hombre: desplegar sentido común, habilidad para aprender, razonar y resolver problemas complejos en todos los campos del conocimiento. Los expertos coinciden que todavía faltan un par de décadas para poder construir una auténtica inteligencia artificial.
No obstante, para Alex Pentland, del Laboratorio de Dinámica Humana del MIT, el mundo extraordinariamente conectado que vivimos, así como el dinamismo y flujo de las ideas en contextos, formas y formatos emergentes, demandan conocer y cultivar las leyes de una nueva física social.
¿De dónde y cómo fluyen las ideas en la actualidad? Tal vez estamos en los albores de una inesperada era de Ilustración; un devenir intelectual histórico en donde nuestras vidas se ven alteradas por redes que combinan personas, objetos digitales y computadoras, permitiéndonos mayor contribución y cambios más vertiginosos. Súbitamente, nos agitamos en un crisol de mentes y tecnologías con poderes y debilidades sin precedentes.
Históricamente los mercados, los pensadores y los políticos influían gradualmente y los acontecimientos se desenvolvían con relativa lentitud, en una sociedad en donde todos contábamos hasta cierto punto con la misma información y teníamos tiempo de actuar racionalmente. Actualmente, el flujo de las ideas, económicas, políticas o filosóficas, incluyen el efecto de millones de personas aprendiendo unas de otras, afectando recíprocamente nuestra opinión o postura. Multitudes virtuales toman vida en minutos con participantes de todo el mundo; y cada día tenemos a millones de personas distintas, participando, comentando y contribuyendo.
Por desgracia ya no podemos solamente pensar como individuos aislados, tomando decisiones escrupulosamente; debemos incorporar el efecto de la física social que impacta nuestras decisiones individuales y puede conducirnos colectivamente a colapsos económicos, conmociones políticas y revoluciones ideológicas.
Nick Bostrom, director del Instituto del Futuro de la Humanidad, Universidad de Oxford advierte que eventualmente podremos construir una inteligencia de orden superior, pero es necesario asegurar que salvaguarde los valores humanos y controlar lo que esta superinteligencia quisiera hacer por cuenta propia.
Adam Smith argumentaba que la naturaleza humana conlleva a mercantilizar no solo productos y servicios, sino también ideas. ¿Estamos preparados para intercambiarlas de manera responsable bajo este nuevo orden?