El deporte es bueno para todos en muchos sentidos; tres premisas básicas soportan esta afirmación. Primero, es divertido y entretenido, y logra proveer un medio para disminuir nuestras presiones cotidianas; para descargar tensiones que provienen de otras actividades. Segundo, fortalece la salud de los individuos y de la colectividad: a la persona le ayuda a tonificar el organismo; a la sociedad le provee un escape de sus muchas vicisitudes. Finalmente, el deporte es una distracción social masiva fincada en la interacción entre el deportista y el espectador. ¿Se cumplen cabalmente estos atributos en el deporte moderno?
Los gobernantes de la antigüedad construyeron grandes obras para fomentar el deporte y proveerle al ciudadano algún tipo de entretenimiento: incas, mayas, griegos, romanos, hebreos, ingleses, españoles. En la época moderna, los medios han establecido una relación simbiótica con el deporte la cual les permite sobrevivir a ambos. Aparentemente los medios le otorgan al deporte algún tipo de publicidad gratuita, pero también son los jueces y verdugos de deportistas y deportes. En la medida que el jugador o el juego no constituya noticia ni negocio, el entretenimiento que proporciona pasa a segundo plano.
La pasión excesiva y obsesión por el deporte inhibe algunas veces sus bondades, tanto para el individuo como para la colectividad. La salud está asociada a hábitos sanos, mismos que facilitan y soportan los deportes: actividad muscular y respiratoria moderadas, balance cardiovascular y neuromuscular, frugalidad alimenticia. No obstante, para satisfacer el hambre por grandes espectáculos y nuevos records, el mundo del deporte amateur y profesional está repleto de accidentes, excesos, así como de enfermedades y deformaciones prematuras.
¿Quién puede negar la distracción masiva positiva que ofrece un buen clásico de futbol? Sin embargo, aun en un torneo escolar la competencia desmedida conduce a algún tipo de violencia. El connotado Vince Lombardi, otrora considerado arquetipo del líder, afirmaba que “para jugar futbol americano se necesita tener fuego en tu interior, y no hay nada mejor que el odio para avivarlo”. Otros afirman que la competencia es fundamentalmente destructiva y ganar no prueba que eres una mejor persona. No obstante, posiblemente tendríamos un mundo monótono y una vida tediosa si no tuviéramos que enfrentar continuamente los retos que implica competir contra nosotros mismos y contra otros.
El historiador y escritor James A. Michener afirmaba que competir es una regla de la naturaleza, dado que la tensión es parte del equilibrio del universo. De esta manera, una competencia sana es buena para los seres humanos y seguramente nos permite vivir más.
Por fortuna, aun considerando todas estas incidencias y perspectivas, para una mayoría de nosotros el deporte sigue siendo, divertido, entretenido, sanamente competitivo y nos ayuda a sobrellevar los embates de día con día.