VAYAMOS A DISTRUTAR DEL FÚTBOL

Alberto Camus, portero aficionado, filosofo y escritor francés afirmaba que, después de muchos años en que el mundo le había permitido variadas experiencias, la que más sé acercó a la moral y las obligaciones de los hombres, fue el fútbol.

Esta semana tendremos la Gran Final del fútbol mexicano. Como fenómeno social, recordemos que el fútbol también se aborda desde la perspectiva de la historia y la sociología de las masas.

La historia del fútbol es la historia de los grandes torneos, de los grandes equipos, de los grandes jugadores. También es la historia de grandes controversias y contradicciones; es la historia de las reglas y las excepciones.

Entre los actores sobresalen el fanático y el aficionado. Mientras que éste último pudiera antojarse como un sujeto reactivo, marioneta de los intereses políticos y económicos que se mueven detrás del fútbol, el primero pretende justificar el fanatismo, la violencia y la anarquía que afecta la conservación del orden establecido. En todo caso, el estadio de fútbol es un espejo de la sociedad actual como lo fue el Campo Olímpico en la Antigua Grecia o el Circo en el Imperio Romano. ¿Qué queremos del fútbol? ¿Cuáles son sus atributos rescatables en nuestros días?

El fútbol moderno nace entre la alta burguesía inglesa, buscando superar el ocio con actividades no utilitarias dentro de las altas clases sociales no destinadas a trabajar. No obstante, así como la cultura, el arte y otros hábitos y costumbres populares surgen de las clases dominantes y son replicados eventualmente por las clases subalternas, el fútbol fue adoptado – y mejorado- por las masas.

En nuestros días, conquistar un pase en un Mundial es motivo de júbilo nacional; quedarse fuera de la copa del mundo, es un golpe económico, social y moral. Con la debida proporción, sucede algo similar en los torneos nacionales y las justas universitarias.

El fútbol que admiraba mi padre no es aquel de las porras radicales mexicanas, de las barras bravas argentinas, de los hooligans, de los ultras españoles o los teppiste italianos; no reverenciaba el fútbol en donde triunfa el que mejor engaña. Buscaba el fútbol del jugador con un culto genuino a la ética deportiva, al coraje, la astucia, al triunfo colectivo; el fútbol del aficionado que disfruta sanamente, con la familia y el amigo, la emoción momentánea de un partido.

Don Ramón Cárdenas Coronado tampoco veneraba la mediatización absurda de nuestro deporte, que se justifica aparentando borrar las barreras de clase mientras ostenta intereses económicos con el incentivo de hacer negocio. Fomentaba el fútbol que propicia las verdaderas relaciones de amistad entre jugadores, dirigentes y aficionados. Por eso y muchas cosas más, vayamos a disfrutar del fútbol.

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José Antonio Cárdenas Marroquín

Yo hablo de un nuevo orden que se reinventa continuamente porque ni el Milenial más obstinado acepta la utopía de un cosmos fincado en un presente hedonista sin futuro trascendente. Al escribir, yo hablo de un mundo que debemos construir aunque no lo vayamos a disfrutar

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