Recientemente, un importante ícono de la Iglesia Católica y de toda la Humanidad, la Catedral de Notre Dame, fue destruido por el fuego, como una muestra de la vulnerabilidad de la obra del hombre; como un llamado a la fe, para fortalecer y cimentar el futuro.
Al otro lado del mundo, en la Woodlands Church, ubicada al norte de la ciudad de Houston, periódicamente dicta conferencias Lee Strobel, autor del libro The Case for Christ. Strobel, ateo converso, describe su transformación espiritual basada en un escrutinio científico de la vida de Jesucristo. Sus indagaciones, apuntaladas por decenas de especialistas en distintas ramas del conocimiento, presentan la realidad de la muerte y resurrección de Cristo, e incluyen testimonios presenciales de cientos de personas.
Strovel pretende tender un puente entre la fe y la razón, el mandato del espíritu y la racionalidad de los hechos. Un hecho fundamentalmente supra natural es comprobado por la evidencia científica, y traducido al lenguaje de la razón. El incidente de Notre Dame, por el contrario, resulta primordialmente el resultado del error humano, y nos invita a derribar el muro entre la realidad de la tragedia asociada al gran monumento gótico y el esplendor inefable de la Obra del Señor.
De acuerdo con la Encíclica “Fides et Ratio” de Juan Pablo II, la fe no es incompatible con la búsqueda propia de la razón, porque es importante encontrar un sentido y descubrir los motivos que permitan a todos entender los contenidos de la fe. De hecho, afirma el Santo Padre, la Iglesia aprecia el esfuerzo de la razón por alcanzar los objetivos asociados a hacer más digna la vida de las personas, tomando en consideración que la filosofía es una ayuda indispensable para profundizar en el descubrimiento de la fe y comunicar la verdad del Evangelio a cuantos aún no la conocen. Además de la filosofía, “el hombre tiene muchos medios para progresar en el conocimiento de la verdad, de modo que puede hacer cada vez más humana la propia existencia”
El Papa Francisco proclamó hace unos meses que “la Cuaresma es un nuevo comienzo, un camino que nos lleva a un destino seguro: la Pascua de Resurrección, la victoria de Cristo sobre la muerte”; la fe y la razón nos indican la veracidad de sus palabras. Hoy, el fuego y la fe pregonan la esperanza y la promesa de un futuro trascendente.