UNA NUEVA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO

La trasmisión de conocimientos va más allá de solo intercambiar información, dado que requerimos confiar en la fuente que los origina; esta confianza va de alguna manera embebida en el medio, el contexto en el que transitan los conocimientos.

Refiriéndose a un estudio reciente que revela que en el mundo se producirán 40 zettabytes (¡40 trillones de gigabytes!) de información para el próximo año, la acreditada Asociación para la Administración de Información e Imagen (AIIM) considera que este fenómeno es uno de los tópicos más importantes para los líderes de negocios; tomar decisiones erróneas en este contexto tendrá un impacto importante en la habilidad de las organizaciones para sobrevivir.

Para otros, es posible que estas cifras colosales indiquen el ocaso de la Era de la Información y el perentorio advenimiento de las nuevas sociedades del conocimiento, en el seno de la Era Conceptual, como la denomina Daniel H. Pink. Con base en las investigaciones de este autor, la figura central de la Era de la Información representada por el trabajador informado (knowledge worker), la ocupará ahora el trabajador creativo, innovador y empático, en una Era emergente e inevitable para el mundo contemporáneo.  Más allá de las consecuencias de la afluencia de información, los cambios tecnológicos y la globalización en el tránsito hacia esta nueva Era Conceptual, un diferenciador importante es que demanda más individuos capaces de operar con el lado derecho del cerebro. Más aun, individuos y empresas alambradas de forma diferente.

Por una parte, se requieren personas y organizaciones con la capacidad de crear belleza, articular emociones, construir mundos diferentes con narrativas convincentes, detectar nuevos esquemas y oportunidades; capaces de combinar ideas no relacionadas y transformarlas en aportaciones innovadoras. Todo lo anterior, utilizando de manera inteligente y crítica el enorme flujo de información y conocimientos que nos transfiere la Era de la Información. También son indispensables habilidades sociales de empatía, interacción humana; encontrar la felicidad y trasmitírsela a otros; operar en ámbitos de alto desempeño siguiendo un propósito trascendente o un objetivo con gran significado.

¿Qué implica este escenario en nuestra conducta esperada? Ponderar y darle importancia a la funcionalidad de nuestros productos y servicios, ya a la vez incorporar diseño y belleza percibida; construir argumentos para nuestras propuestas y posturas, siendo además persuasivos y convincentes; buscar especializarnos para ser expertos en los temas de importancia, pero saber orquestarlos para darles contexto en un sistema de mayor nivel y complejidad. De la misma manera requeriremos mantener la compostura y seriedad, sin perder la capacidad lúdica y el sentido del humor, así como buscar el acopio sensato de bienes, poder e influencia, sin perder de vista lo espiritual y trascendente. En fin, ganarnos nuestra ciudadanía para ser parte de una nueva y sorprendente sociedad basada en el balance constructivo de ambos lados del cerebro.

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José Antonio Cárdenas Marroquín

Yo hablo de un nuevo orden que se reinventa continuamente porque ni el Milenial más obstinado acepta la utopía de un cosmos fincado en un presente hedonista sin futuro trascendente. Al escribir, yo hablo de un mundo que debemos construir aunque no lo vayamos a disfrutar

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