Para algunos, la Nueva Economía fue una utopía simbolizada por jóvenes arrogantes, el atractivo de dinero fácil, y la falta de visión de autodenominados visionarios, quienes declararon que el modelo de negocios tradicional había perecido.
A finales de los años noventa, compañías como Amazon.com y America Online cautivaron las bolsas de valores y parecía acercarse una nueva era para la economía. No obstante, la utopía desapareció súbitamente en marzo del 2000 cuando el índice Nasdaq cayó un 78% en unos cuantos meses; la inversión empresarial se desplomó y la economía estadounidense se desaceleró el año siguiente.
William Joyce prescribe que el mundo de los negocios siempre ha sido, duro, riesgoso, inseguro e impredecible, pero que las empresas exitosas siguen un patrón específico de prácticas y conductas. Cincuenta investigadores analizaron decenas de empresas por un período de diez años encontrando ocho prácticas de gestión empresarial las cuales se correlacionan con un desempeño superior corporativo, medido en términos del retorno financiero a sus accionistas.
Una de estas prácticas exitosas implica mantener una estrategia de negocios diseñada acuciosamente y comunicada claramente asegurándose que es entendida por el personal, clientes, socios e inversionistas. La segunda tiene que ver con una ejecución impecable de la operación del negocio; un tercer componente de la gestión empresarial de las empresas ganadoras consiste en mantener una cultura organizacional orientada al alto desempeño. La cuarta práctica empresarial radica en contar con una estructura organizacional plana y flexible, capaz de reaccionar al mínimo ajuste de la estrategia o a los embates del entorno. Sus hallazgos también indican que existen otras cuatro prácticas de gestión, de las cuales por lo menos dos están presentes en todas las empresas exitosas: líderes comprometidos con el negocio, innovación transformativa, crecimiento a través de fusiones y adquisiciones, así como la capacidad de desarrollar el talento interno y para atraerlo del exterior cuando sea necesario.
La mejor señal de que una empresa es de alto desempeño consiste en que el talento de valor que se pierde en el mercado de trabajo es ágilmente substituido por talento interno listo para cubrir las vacantes; las empresas que nos ocupan son excelentes en el manejo de la banca y los remplazos de talento humano. De esta manera, estas organizaciones dedican recursos financieros y humanos significativos para conformar un capital humano eficiente e innovador, mostrando una marcada preferencia por desarrollar sus propias estrellas para ocupar los puestos clave, así como en retener el mejor talento. A través de sus obras, Joyce nos recuerda una vez más que la excelencia en los negocios implica necesariamente ponerle especial atención al capital humano; mucha, mucha atención.