UN MUNDO CONECTADO Y FELIZ

La necesidad e inclinación de los individuos en cuanto a conectarnos y relacionarnos con otras personas a través de procesos sociales es tanto o más importante que satisfacer las necesidades elementales de alimento, refugio y abrigo.

Geroge Orwel en su novela futurística 1984 describe un mundo basado en la fuerza y coerción, manipulado por un gobierno que observa todas tus acciones a por medio de un Big Brother.  Por su parte, Aldous Husley forja un Mundo Feliz de ocio, perversión y diversión, basado en el acondicionamiento prenatal de todos sus habitantes. Ambas concepciones son modelos de control de la mente humana, que proyectan al absurdo los extremos de una sociedad capitalista liberal. Otro componente en común es la fuerza que le dan ambos escritores al factor social como elemento integrador y motivacional del individuo. ¿Somos los individuos fundamentalmente motivados por las relaciones sociales placenteras?

Estudios de un equipo de neurocientíficos dirigido son indicativos de la gran importancia que tiene la interacción social entre los individuos, principio fundamentado en que somos seres eminentemente gregarios: sobrevivimos gracias a la sociedad y vivimos para la sociedad. Argumentan que el cerebro de un niño de 10 años ha dedicado cerca de 10,000 horas a desarrollar sus competencias sociales y es capaz de interactuar y operar colectivamente con el talento y astucia de un experto. Esto es posible debido a que nuestro cerebro se ocupa “por defecto” a comprender y mejorar las habilidades sociales cuando no está concentrado totalmente en otras actividades intelectuales o emocionales. De esta manera, estamos condicionados para la interacción social dado que el cerebro está predispuesto y le dedica un tiempo significativo a pensar en la gente y a prepararnos para subsistir en nuestro microcosmos social.

Las personas reaccionamos ante el dolor y el placer de tal manera que estos elementos gobiernan en buena parte todo lo que deseamos, sentimos, decimos y hacemos. El placer y el dolor se asocian primordialmente a aspectos físicos, pero el principio se aplica también al ámbito social. Así mismo, demandamos y obtenemos reconocimiento y recompensas materiales, y de igual manera deseamos ser objeto de reconocimiento y recompensas sociales. El Dalai Lama advierte que, si queremos ser egoístas, la forma inteligente de serlo es trabajar en el bienestar de nuestros semejantes, porque hacerlo es intrínsecamente placentero.

Todos necesitamos amar y respetar a las personas, pero también requerimos interactuar con personas que nos amen y nos respeten. Un principio fundamental de etiqueta social, que invierte la pirámide de necesidades de Maslow para darle preponderancia a nuestra urgencia por conectarnos con nuestros semejantes, interpretar sus pensamientos y sentimientos para complacerlos y lograr una relación armónica perdurable.

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José Antonio Cárdenas Marroquín

Yo hablo de un nuevo orden que se reinventa continuamente porque ni el Milenial más obstinado acepta la utopía de un cosmos fincado en un presente hedonista sin futuro trascendente. Al escribir, yo hablo de un mundo que debemos construir aunque no lo vayamos a disfrutar

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