En la novela victoriana que lleva su nombre, Trilby O´Ferral se convierte milagrosamente en la mejor cantante lírica del mundo, trascendiendo su fama de su natal Paris. No obstante, la joven alegre, bondadosa y cautivadora era incapaz de cantar sin desafinar antes de caer en el trance hipnótico del malvado Svengali. ¿Requerimos de un mentor, guía o maestro para dominar una competencia, como el personaje de George Du Maurier? ¿Es indispensable un intermediario entre el individuo y el conocimiento?
Se argumenta que es indispensable hacer una clara distinción entre los conceptos de conocimiento y aprendizaje respecto al significado de información. A diferencia de la información, el conocimiento ordinariamente presupone un conocedor asociado a dicho conocimiento. Así mismo, el conocimiento es más difícil de adquirir y transferir; por ende, no es fácil de asimilar. De esta manera, el conocimiento reside en los individuos, mientras la información puede residir en bancos de datos. Debido a que adquirir conocimientos prácticos implica desarrollar una disposición y una actitud para aprender, así como formar parte de una comunidad asociada a lo aprendido, el aprendizaje se da fundamentalmente dentro de un contexto social. Esto es, necesitamos de otros para aprender, así como otros necesitan de nosotros.
Aprender de otros implica necesariamente leer a otros, y es bien sabido que en nuestro país no se caracteriza por ser un país de lectores. Estadísticas de la Unesco indican que solo un 2% de los mexicanos tiene el hábito de la lectura, pero remitiéndonos a otras fuentes encontramos que el 50% del papel producido en México se destina a impresión de historietas cómicas, novelas rosas y material pornográfico. Se afirma que la lectura desarrolla la imaginación y la creatividad, además de que aumenta la capacidad de memoria y de concentración. La lectura es medio para adquirir cultura y conocimientos, pero esto tiene que ver con cuanto leemos y que es lo que leemos. Los individuos si necesitamos intermediarios para aprender: la información que circula a través de la Internet simplemente transita de un lugar a otro o de una persona a otra.
No obstante, las publicaciones formales, físicas o digitales, reflejan los conceptos, las ideas, las experiencias; son el resultado de configurar la información y el conocimiento; de la reflexión y del análisis. Estos documentos tradicionales están expresamente acreditados por una institución, editor y autor visibles que los respaldan. Estos intermediarios son los svengalis que la modernidad sigue requiriendo.