MÁS ALLÁ DEL ACOSO ESCOLAR

Se dice que es posible destruir a una persona con palabras, miradas, sobrentendidos: eso es el acoso moral… se alimenta de pequeños ataques repetidos, a menudo tienen lugar cuando no hay testigos, a veces son no verbales o son ambiguos, sujetos a una doble interpretación.

El bullying o acoso escolar ha sido un tema recurrente abordado por medios y autoridades, estudiado por académicos y especialistas, aborrecido por la comunidad en general. La versión laboral del acoso moral se conoce también por un anglicismo: mobbing.

La Organización Mundial de La Salud define mobbing como una situación de violencia o acoso recurrente dirigida hacia una persona con el objetivo de aislarlo de un grupo laboral; se caracteriza por conductas crueles y hostiles que se convierten en una tortura psicológica para la víctima.

Por una parte, los preceptos legal-laborales en México exigen respeto para la dignidad y libertades de todo aquel quien proporciona un servicio, así como de quien lo recibe. Por otra, el acoso laboral es una grave patología organizacional que debe ser estudiada y conocida por los psicólogos laborales y clínicos: evitar que el diagnóstico y las manifestaciones sean interpretadas en términos estrés, ansiedad o depresión pasando por alto los aspectos situacionales que los ocasiona.

Lamentablemente la primera imagen que nos viene a la mente al hablar de acosos moral es la del abuso generado por niños o jóvenes atacando a alguien más débil; sin embargo, ocurre este tipo de agresión, también en las empresas y grandes consorcios. Al igual que en las escuelas la patología del abusador está fincada en reconocer y capitalizar el miedo para así mantener el poder, mostrarse aparentemente seguros, confiados y superiores a todos los demás. Estas personas buscan a otras que parezcan pasivas, dóciles o vulnerables.

Sin ser un problema sencillo y de ninguna manera agotado, los especialistas sugieren que en ambos contextos una fórmula similar: trasmitir el problema a alguien de confianza, buscar testigos y confrontar al acusador.

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José Antonio Cárdenas Marroquín

Yo hablo de un nuevo orden que se reinventa continuamente porque ni el Milenial más obstinado acepta la utopía de un cosmos fincado en un presente hedonista sin futuro trascendente. Al escribir, yo hablo de un mundo que debemos construir aunque no lo vayamos a disfrutar

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